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El libro de Tobías es considerado deuterocanónico por la Iglesia Católica y las Iglesias Ortodoxas, por lo que no forma parte del canon protestante. Fue escrito originalmente probablemente en arameo o hebreo y narra la historia de un familia judía exiliada en Nínive. Es conocido por su énfasis en la fidelidad a la Ley, las obras de misericordia y la intervención del ángel Rafael.

Tobías

Capítulo 1 — Tobías: un hombre justo en el exilio en Nínive

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Libro de las palabras de Tobit, hijo de Tobiel, hijo de Ananiel, hijo de Aduel, hijo de Gabahel, de la estirpe de Asiel, de la tribu de Neftalí,

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el cual, en tiempo de Salmanasar, rey de Asiria, fue llevado cautivo de Tisbé, que está al sur de Cedes de Neftalí, en la alta Galilea, sobre Aser, al oeste de Jefet.

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Yo, Tobit, he andado por caminos de verdad y de justicia todos los días de mi vida, he dado muchas limosnas a mis hermanos y a mis compatriotas, los que fueron desterrados conmigo a Nínive, en tierra de Asiria.

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Cuando yo estaba en mi tierra, en la tierra de Israel, siendo aún joven, la tribu entera de Neftalí, mi antepasado, se había separado de la casa de David y de Jerusalén. Pero esta ciudad había sido elegida entre todas las tribus de Israel para que en ella se ofreciesen los sacrificios. En ella se había santificado el santuario de la morada del Altísimo, y había sido edificado para todas las generaciones eternas.

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Todos los que ofrecían sacrificios en Betel, y todos los que adoraban a los becerros que había hecho Jeroboam, rey de Israel, los apartó de mí.

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Yo, por mi parte, iba con frecuencia a Jerusalén, según está escrito en la Ley de Moisés, en la fiesta de las semanas, en la fiesta de los tabernáculos y en la fiesta de los ázimos, y llevaba las primicias y los diezmos de los frutos, así como las primicias de los rebaños y el primer esquileo de las ovejas.

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Todo esto lo daba a los sacerdotes hijos de Aarón para el altar.

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Daba a los levitas que oficiaban en Jerusalén el diezmo del trigo, del vino, del aceite, de las granadas, de los higos y de los demás árboles; y llevaba cada seis años el segundo diezmo en dinero e iba a gastarlo en Jerusalén cada año, según está mandado en la Ley.

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Daba a los huérfanos, a las viudas y a los prosélitos que estaban adheridos a los hijos de Israel el tercer diezmo, y se lo llevaba y se lo entregaba cada tres años, como está mandado en la Ley de Débora, padre de mi madre, porque mi padre, dejándome huérfano, había muerto.

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Después que fui llevado cautivo a Nínive, todos mis hermanos y los de mi pueblo comían de los panes de los paganos;

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pero yo guardé mi vida para no comer los manjares de los paganos.

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Y me acordé de Dios con toda mi alma.

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El Altísimo me concedió gracia y favor ante Salmanasar, y fui su proveedor de víveres.

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Viajaba a Media, y dejaba en depósito a Gabelo, hermano de Gabrías, en Ragués, ciudad de Media, bolsas que contenían diez talentos de plata.

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Muerto Salmanasar, le sucedió su hijo Senaquerib. Los caminos de Media se hicieron peligrosos, y ya no pude ir más allá.

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En tiempo de Salmanasar daba muchas limosnas a mis hermanos.

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Daba mi pan a los hambrientos y mis vestidos a los desnudos, y si veía a algún compatriota mío muerto y arrojado detrás de las murallas de Nínive, lo enterraba.

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Enterré también a los que mató Senaquerib, cuando volvió, fugitivo de Judea, después de la sentencia con que el rey del cielo le castigó por sus blasfemias; pues en su cólera mató a muchos hijos de Israel, pero yo hurtaba los cuerpos para sepultarlos, y Senaquerib los buscaba y no los encontraba.

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Vino uno de los de Nínive y avisó al rey que yo los enterraba, y yo me escondí. Cuando supe que me buscaban para matarme, lleno de miedo, huí.

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Me confiscaron todas mis posesiones, y no me quedó nada que no se llevara al tesoro real, fuera de mi mujer Ana y mi hijo Tobías.

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No habían pasado cuarenta días, cuando Senaquerib fue asesinado por sus dos hijos, que huyeron a los montes de Ararat. Le sucedió su hijo Asaradón, el cual puso a Ajicar, hijo de mi hermano Anael, a la cabeza de la administración de su reino, con el cargo de mayordomo de la hacienda.

22

Entonces Ajicar intercedió por mí, y yo pude volver a Nínive, pues Asaradón llegó a ser rey; nombró a Ajicar copero, tesorero, administrador y sobrestante del reino. Ajicar era el segundo después del rey.

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