El libro de Tobías es considerado deuterocanónico por la Iglesia Católica y las Iglesias Ortodoxas, por lo que no forma parte del canon protestante. Fue escrito originalmente probablemente en arameo o hebreo y narra la historia de un familia judía exiliada en Nínive. Es conocido por su énfasis en la fidelidad a la Ley, las obras de misericordia y la intervención del ángel Rafael.
Tobías
Capítulo 10 — La preocupación de Tobit y Ana
Mientras Tobías se demoraba por causa de la boda, su padre Tobit estaba preocupado, y dijo: ¿Por qué se habrá demorado mi hijo? ¿Por qué se habrá detenido?
Y su mujer Ana se lamentaba, diciendo: ¡Ay, hijo mío! ¿Por qué te enviamos a un país lejano, luz de nuestros ojos, bastón de nuestra vejez, consuelo de nuestra vida, esperanza de nuestra posteridad?
Tobit le respondió: Cállate, no te preocupes; nuestro hijo está sano. Aquel hombre con quien lo enviamos es muy de fiar.
Pero ella no pudo ser consolada, y todos los días salía corriendo, miraba a lo lejos, recorría todos los caminos para ver si divisaba a su hijo.
Cuando Ragüel dijo a su yerno: Quédate aquí, y enviaré un mensajero a tu padre Tobit para que le comunique que estás bueno.
Tobías le respondió: Yo sé que mi padre y mi madre cuentan los días y su espíritu está muy afligido.
Cuando Ragüel insistió mucho con Tobías, y él no quiso escucharle, le entregó a Sara y la mitad de todas sus posesiones, siervos, siervas, bueyes, ovejas, asnos, camellos, vestidos, dinero y utensilios, y los despidió sanos y alegres.
Y dijo: El santo ángel del Señor os acompañe en el viaje y os traiga sanos a vuestros padres, y que mis ojos vean a vuestros hijos antes de que yo muera.
Los padres, tomando a su hija, la besaron y la dejaron ir,
encargándole que honrara a sus suegros, que amara a su marido, que cuidara de la familia, que gobernara la casa y que se portara sin mancha.