El libro de Tobías es considerado deuterocanónico por la Iglesia Católica y las Iglesias Ortodoxas, por lo que no forma parte del canon protestante. Fue escrito originalmente probablemente en arameo o hebreo y narra la historia de un familia judía exiliada en Nínive. Es conocido por su énfasis en la fidelidad a la Ley, las obras de misericordia y la intervención del ángel Rafael.
Tobías
Capítulo 13 — Cántico de acción de gracias de Tobit
Entonces Tobit, el anciano, abrió la boca para bendecir al Señor, y dijo: Grande eres, Señor, por toda la eternidad, y tu reino permanece por todos los siglos.
Porque tú castigas y salvas, haces bajar al sepulcro y haces subir de él; nadie escapa de tu mano.
Proclamen sus obras delante de todas las naciones, porque él es el Señor, nuestro Dios, por toda la eternidad.
Él nos castiga por nuestras iniquidades, pero nos salvará por su misericordia.
Mírenlo, naciones, y reconózcanlo, porque él ha dispersado a su pueblo entre las naciones.
Él nos ha mostrado su grandeza. Engrandézcanlo delante de todos los vivientes, porque él es nuestro Señor y Dios, nuestro Padre por toda la eternidad.
Él nos azota por nuestras maldades, pero tendrá misericordia de nosotros, y nos reunirá de entre todas las naciones entre las cuales nos ha dispersado.
Ustedes que lo aman, vuélvanse a él de todo corazón, y él se volverá a ustedes; no le oculten su rostro.
Miren lo que ha hecho con nosotros, y denle gracias con toda la boca, bendigan al Señor de la justicia y ensalcen al Rey eterno.
Yo lo bendigo en la tierra del destierro, porque él ha dispersado a su pueblo pecador.
Por eso, yo anunciaré su majestad en la tierra del destierro, porque él volverá su rostro hacia los pecadores y los salvará.
Ustedes, pecadores, vuélvanse a él, y él los salvará y tendrá misericordia de ustedes.
Yo, en la tierra de mi cautiverio, lo confieso, porque él está con su pueblo pecador.
Bendito sea el Señor, Dios de Israel, por todos los siglos. Porque él os reunirá de entre todas las naciones, y os hará volver a vuestra tierra.
Bendito sea el Señor que ha mirado a esta casa, y bendito sea para siempre. Dichosos los que os aman; dichosos los que se alegran con vuestra paz.
Mi alma, bendice al Señor, porque él ha librado a Jerusalén, su ciudad, de todas sus tribulaciones.
Dichoso yo si el resto de mi descendencia viere la gloria de Jerusalén.
Las puertas de Jerusalén serán reedificadas de zafiro y esmeralda, todo su muro alrededor será de piedras preciosas.
Las plazas de Jerusalén serán pavimentadas de carbunclo y piedras de Ofir.
Y todas sus calles dirán: ¡Aleluya! Y cantarán: ¡Bendito sea Dios que ha exaltado a Jerusalén por los siglos de los siglos!