El libro de Tobías es considerado deuterocanónico por la Iglesia Católica y las Iglesias Ortodoxas, por lo que no forma parte del canon protestante. Fue escrito originalmente probablemente en arameo o hebreo y narra la historia de un familia judía exiliada en Nínive. Es conocido por su énfasis en la fidelidad a la Ley, las obras de misericordia y la intervención del ángel Rafael.
Tobías
Capítulo 3 — Oración de Tobías y de Sara
Entonces yo, lleno de tristeza, gemí y lloré; y comencé a hacer esta oración, entre gemidos:
Justo eres, Señor, y justas son todas tus obras, y todos tus caminos son misericordia, verdad y justicia.
Acuérdate de mí, mírame, no te vengues de mis pecados ni te acuerdes de mis faltas ni de las de mis padres.
Porque no hemos obedecido tus mandamientos, por lo que hemos sido entregados al saqueo, al cautiverio, a la muerte, a ser refrán de oprobio para todas las naciones entre las cuales nos has dispersado.
Y ahora, Señor, grandes son tus juicios, porque no hemos obrado según tus preceptos, ni hemos andado sinceramente delante de ti.
Ahora, Señor, haz conmigo lo que te plazca; manda que mi espíritu sea recibido en paz, porque más me vale morir que vivir.
Aquel mismo día sucedió que Sara, hija de Ragüel, en Ecbátana de Media, también oyó insultos de parte de una criada de su padre,
porque había sido entregada a siete maridos, y el demonio Asmodeo los había matado antes de que hubieran estado con ella, como está mandado para las mujeres. La criada le dijo: ¡Tú eres la que matas a tus maridos! Ya has estado con siete, y ninguno de ellos ha llevado tu nombre.
¿Por qué nos azotas? Si tus siete maridos han muerto, vete con ellos, y que nunca veamos de ti hijo ni hija.
Aquel día se entristeció su corazón, lloró, subió al aposento de su padre y quiso ahorcarse. Pero reflexionó y dijo: No sea que echen sobre mi padre un baldón, y le digan: Tuviste una hija amada, y ella, por su desgracia, se ahorcó. Así haré que mi padre descienda con tristeza al sepulcro. Más me vale no ahorcarme, sino suplicar al Señor que me haga morir, para no oír más insultos en mi vida.
En aquel momento, tendiendo las manos hacia la ventana, hizo esta oración: Bendito seas, Señor, Dios misericordioso, y bendito sea tu nombre por siempre, y que todas tus obras te bendigan eternamente.
Ahora, Señor, a ti vuelvo mi rostro y mis ojos.
Te ruego, Señor, que me desates de la atadura de estos baldones, o más bien, quítame de la tierra.
Tú sabes, Señor, que soy limpia de toda culpa con los hombres,
y que jamás he profanado mi nombre ni el nombre de mi padre en la tierra del destierro. Soy la única hija de mi padre; no tiene otro hijo que la herede, ni pariente cercano, ni hijo que viva para tomar por esposa. Ya he perdido a siete maridos; ¿para qué quiero ya vivir? Y si no te place darme la muerte, tenme en cuenta y ten compasión de mí, y no me hagas oír más baldones.
En aquel mismo momento, la oración de los dos fue escuchada delante de la gloria del gran Dios Rafael,
y fue enviado Rafael para curar a los dos, para quitar las nubes blancas de los ojos de Tobit, y para dar a Sara, hija de Ragüel, por esposa a Tobías, hijo de Tobit, y para librarla del demonio malo. Porque Tobías tenía derecho a poseerla antes que todos los que la pretendían. En aquel tiempo, volvió Tobit de su patio a su casa, y Sara, hija de Ragüel, bajó del aposento de su padre.