El libro de Tobías es considerado deuterocanónico por la Iglesia Católica y las Iglesias Ortodoxas, por lo que no forma parte del canon protestante. Fue escrito originalmente probablemente en arameo o hebreo y narra la historia de un familia judía exiliada en Nínive. Es conocido por su énfasis en la fidelidad a la Ley, las obras de misericordia y la intervención del ángel Rafael.
Tobías
Capítulo 8 — El matrimonio y la derrota del demonio
Después que acabaron de cenar, llevaron a Tobías a donde estaba Sara.
Él, al llegar, se acordó de las palabras de Rafael, tomó del costal las brasas del incienso, puso sobre ellas el corazón y el hígado del pez y empezó a humear.
Cuando el demonio sintió el olor, huyó a las regiones más altas de Egipto, y el ángel lo ató.
Después que se quedaron solos dentro, Tobías se levantó de la cama y dijo: Levántate, hermana, y oremos, suplicando a nuestro Señor que tenga misericordia de nosotros.
Y se puso a decir: Bendito eres tú, Dios de nuestros padres, y bendito tu nombre por todos los siglos. Que los cielos y todas tus criaturas te bendigan.
Tú creaste a Adán y le diste por ayuda a Eva, su mujer, como sostén de su descendencia. De ellos nació el género humano. Tú dijiste: No es bueno que el hombre esté solo; hagámosle una ayuda semejante a él.
Ahora, Señor, no tomo a esta hermana mía por lujuria, sino con verdad. Haz que yo y ella alcancemos misericordia y envejezcamos juntos.
Y dijo: Amén, amén.
Y se acostaron aquella noche. Ragüel se levantó, llamó a sus criados y fueron a cavar una sepultura,
porque dijo: Quizá también él haya muerto.
Cuando llegaron a casa de Ragüel, encontraron a Tobías y a Sara sanos y durmiendo. Ragüel bendijo a Dios,
y dijo: Bendito eres tú, Dios de Israel, porque esto no ha sucedido como yo temía.
Has tenido misericordia de estos dos hijos únicos. Ten misericordia de ellos, Señor, y haz que te bendigan con toda su alma.
Y mandó a sus criados que llenaran la sepultura.
Preparó un banquete de bodas para ellos durante catorce días.
Antes de que terminaran los días de la boda, Ragüel le dijo a Tobías, bajo juramento, que no se fuera,
sino que enviara a su padre el dinero que había traído.
Y Tobías le dijo: Yo no me iré de aquí sin ti, sino que iré con mi padre.
Pero Ragüel insistió, y Tobías se quedó con él. Le dio la mitad de todos sus bienes, siervos, siervas, bueyes, ovejas, asnos, camellos, vestidos, dinero y utensilios.
Y los despidió. Ellos, sanos y alegres, se fueron de allí, bendiciendo al Señor.