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Libro deuterocanónico presente en el canon católico y ortodoxo, pero excluido del canon protestante y judío.

Judit

Capítulo 3 — Sumisión de los pueblos de Occidente

1

Los pueblos de Occidente enviaron embajadores a Holofernes para pedirle la paz, diciendo:

2

«Aquí estamos nosotros, siervos del gran rey Nabucodonosor, postrados ante ti. Haz de nosotros lo que quieras.

3

Nuestras casas y todas nuestras posesiones, todas nuestras llanuras de trigo, nuestros rebaños de bueyes y ovejas, todas nuestras tiendas y todo lo que está en nuestras heredades, están a tu disposición.

4

Haz de nosotros lo que quieras.

5

Nosotros también, con nuestros hijos, somos tus siervos.

6

Ven y toma posesión de nosotros como señor justo, y sírvete de nosotros según tu voluntad.»

7

Holofernes descendió de las montañas con sus caballeros y su poderoso ejército, y se apoderó de todas las ciudades y de todos los habitantes del país.

8

De todos los territorios que había sometido, tomó a los hombres más valientes como auxiliares para su guerra.

9

Tal fue el terror que este ejército infundió a los pueblos, que los principales y los más distinguidos ciudadanos de todas las ciudades salieron a su encuentro con ramos de olivo, para saludarle y aclamarle.

10

Pero él destruyó sus ciudades y taló sus bosques sagrados.

11

El rey Nabucodonosor le había ordenado exterminar a todos los dioses de la tierra, para que sólo él, Nabucodonosor, fuera llamado Dios por todas las naciones.

12

Holofernes recorrió toda la región de Occidente, hacia el gran mar, y también a los que habitaban en Cadés, en Gaza y en la tierra de Gosen.

13

Acampó entre Gabá y Siquén durante treinta días, y se llevó todos los despojos de las ciudades que había tomado.

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