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Libro deuterocanónico presente en el canon católico y ortodoxo, pero excluido del canon protestante y judío.

Judit

Capítulo 9 — Judit va al campamento de Holofernes

1

Cuando terminó de clamar al Dios de Israel, habiendo dicho todas estas palabras,

2

se levantó del suelo, llamó a su sierva y bajó a la casa donde solía morar los días de sábado y en sus fiestas.

3

Se quitó el sayo que llevaba, despojó las vestiduras de su viudez, lavó su cuerpo con agua, se ungió con un precioso ungüento, peinó sus cabellos, se ató una tiara y se vistió con sus ropas festivas, las que usaba cuando su marido Manasés aún vivía.

4

Calzó sandalias en sus pies, se puso collares, pulseras, anillos, zarcillos y todos sus adornos, y se atavió magníficamente para seducir los ojos de todos los hombres que la vieran.

5

Dio a su sierva un odre de vino y una vasija de aceite, y llenó un cesto de panes, de queso puro y de higos, y todo lo que había preparado, y lo puso sobre la sierva.

6

Salieron a la puerta de la ciudad de Betulia, y encontraron a Ozías y a los ancianos de la ciudad, que estaban esperando.

7

Cuando la vieron transformada, con el rostro cambiado y con vestiduras diferentes, se maravillaron de su gran belleza y le dijeron:

8

«El Dios de nuestros padres te conceda su gracia y dé fuerza a tu corazón para que te gloríes en Jerusalén.»

9

Judit adoró a Dios y dijo: «Ordenad que me abran la puerta de la ciudad, y yo saldré para cumplir las palabras que me habéis dicho.»

10

Y ordenaron a los jóvenes que le abrieran la puerta, como ella había dicho.

11

Cuando ella salió, ella y su sierva, los hombres de la ciudad la miraron y ella descendió la montaña hasta llegar al valle, y después atravesó el primer puesto de guardia.

12

Al pasar por los guardias asirios, ellos la detuvieron y le preguntaron: «¿De qué pueblo eres? ¿De dónde vienes? ¿A dónde vas?»

13

Ella respondió: «Soy hija de los hebreos; huí de su presencia, porque ellos están para ser entregados a vosotros como presa.

14

Vengo a ver a Holofernes, general de vuestro ejército, para darle información verdadera; y le mostraré un camino por donde él irá y conquistará toda la región montañosa, sin perder uno solo de sus hombres.»

15

Cuando los hombres oyeron sus palabras y observaron su rostro, se maravillaron de su gran belleza y le dijeron:

16

«Tú salvarás tu vida, viniendo pronto a la presencia de nuestro señor. Entra en su tienda; algunos de nosotros te llevarán hasta él y te recomendarán.

17

Cuando estés ante él, no temas; exponle tus palabras, y él te tratará bien.»

18

Tomaron, pues, diez hombres de entre ellos y la condujeron a la presencia de Holofernes.

19

Cuando ella entró en la tienda, todos, siervos y siervas, se maravillaron de su belleza; y ella permaneció ante él, y él quedó deslumbrado.

20

Sus servidores le dijeron: «¿Quién puede despreciar al pueblo de los hebreos, que tiene mujeres tan bellas? ¿No sería mejor mandar buscar a todas ellas para divertirnos?»

21

Entonces Holofernes, viéndola, le dijo: «Ten confianza, no temas en tu corazón, porque yo nunca maltraté a quien quisiera servir a Nabucodonosor, rey de toda la tierra.

22

Y si tu pueblo no me hubiera despreciado, yo no habría levantado mi lanza contra él.

23

Ahora, dime: ¿Por qué huiste de ellos y viniste a nosotros?»

24

Judit respondió: «Recibe las palabras de tu sierva; si tu sierva habla delante de ti, Dios realizará una obra por tu mano, y tu señor no fallará en sus designios.

25

Nabucodonosor, rey de toda la tierra, vive, y vive su poder, que te envió para disciplinar a todas las almas: no sólo los hombres te servirán por medio de él, sino también los animales del campo te obedecerán.

26

La sagacidad de tu corazón se ha hecho conocida en toda la tierra, y todos los reinos del mundo saben que tú eres el único hombre bueno y poderoso en todo el ejército, y que tu consejo es admirable.

27

Lo que también dijo Aquior en tu asamblea es verdad; porque tus oídos oyeron sus palabras.

28

Porque los hombres de Betulia no hacen lo que es recto, y mañana ellos los entregarán en tus manos.

29

Por tanto, partiré de aquí, y tú permanecerás en tu campamento, y pasaré entre tus soldados, hasta que sepa lo que Dios va a hacer esta noche.

30

Entonces te lo contaré, y tú irás con todo tu ejército, y no habrá quien pueda resistirte.»

31

Holofernes le dijo: «Dios ha hecho bien en enviarte delante del pueblo, para que tu mano nos dé la victoria, y la ruina alcance a aquellos que despreciaron a mi señor.

32

Ahora, tu belleza no es fingida, sino que tus palabras son verdaderas; y, si haces lo que has dicho, tu Dios será mi Dios, y tú morarás en el palacio del rey Nabucodonosor y serás ilustre en toda la tierra.»

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