El libro de Ester es aceptado por todas las tradiciones cristianas, pero con diferencias significativas de contenido. Las Biblias protestantes siguen el texto hebreo masorético (10 capítulos). Las Biblias católicas incluyen seis adiciones (capítulos 11-16), conocidas como 'El Resto de Ester', basadas en la versión griega de la Septuaginta. Esta numeración de 16 capítulos proviene de la traducción de la Vulgata de San Jerónimo, quien tradujo primero el texto hebreo (capítulos 1-10) y añadió al final los fragmentos griegos como un apéndice (capítulos 11-16).
Ester
Capítulo 4 — Mardoqueo pide ayuda a Ester
Cuando Mardoqueo supo todo lo que se había hecho, rasgó sus vestidos, se vistió de cilicio y ceniza, y salió por medio de la ciudad clamando con grande y amargo clamor.
Llegó hasta delante de la puerta del rey, porque no se podía entrar a la puerta del rey vestido de cilicio.
En cada provincia donde llegaba la orden del rey y su edicto, había gran luto entre los judíos, con ayuno, llanto y lamentación, y muchos se acostaban en cilicio y ceniza.
Vinieron las doncellas de Ester y sus eunucos y se lo comunicaron. La reina se entristeció mucho y envió ropas para vestir a Mardoqueo y quitarle el cilicio, pero él no las aceptó.
Entonces Ester llamó a Hatac, uno de los eunucos que el rey había puesto a su servicio, y le ordenó que fuera a Mardoqueo para saber qué era aquello y por qué sucedía.
Salió Hatac a Mardoqueo, a la plaza de la ciudad que estaba delante de la puerta del rey.
Y Mardoqueo le contó todo lo que le había sucedido, y la suma exacta de la plata que Amán había prometido pagar a los tesoros del rey por la destrucción de los judíos.
También le dio copia del edicto que se había promulgado en Susa para destruirlos, para que se la mostrara a Ester y se lo explicara, y le ordenara que fuera al rey a suplicarle misericordia e interceder por su pueblo.
Vino Hatac y refirió a Ester las palabras de Mardoqueo.
Entonces Ester habló a Hatac y le mandó decir a Mardoqueo:
«Todos los servidores del rey y el pueblo de las provincias del rey saben que para cualquier hombre o mujer que entre al rey en el patio interior sin ser llamado, hay una sola ley: ha de morir, a menos que el rey extienda hacia él el cetro de oro para que viva. Y yo no he sido llamada para entrar al rey por estos treinta días.»
Ellos comunicaron a Mardoqueo las palabras de Ester.
Entonces Mardoqueo respondió a Ester: «No pienses que tú, por estar en la casa del rey, escaparás sola entre todos los judíos.
Porque si permaneces callada en este tiempo, el alivio y la liberación de los judíos surgirá de otro lugar, pero tú y la casa de tu padre perecerán. ¿Y quién sabe si para un tiempo como este has llegado al reino?»
Entonces Ester dijo que respondieran a Mardoqueo:
«Ve y reúne a todos los judíos que se hallan en Susa, y ayunen por mí; no coman ni beban por tres días, ni de noche ni de día. También yo y mis doncellas ayunaremos igual. Y así, aunque no sea conforme a la ley, entraré al rey; y si perezco, que perezca.»
Entonces Mardoqueo se fue e hizo conforme a todo lo que Ester le había ordenado.