El libro de Ester es aceptado por todas las tradiciones cristianas, pero con diferencias significativas de contenido. Las Biblias protestantes siguen el texto hebreo masorético (10 capítulos). Las Biblias católicas incluyen seis adiciones (capítulos 11-16), conocidas como 'El Resto de Ester', basadas en la versión griega de la Septuaginta. Esta numeración de 16 capítulos proviene de la traducción de la Vulgata de San Jerónimo, quien tradujo primero el texto hebreo (capítulos 1-10) y añadió al final los fragmentos griegos como un apéndice (capítulos 11-16).
Ester
Capítulo 8 — Mardoqueo es exaltado
Aquel mismo día, el rey Asuero dio a la reina Ester la casa de Amán, el enemigo de los judíos. Y Mardoqueo entró delante del rey, porque Ester había declarado lo que él era para ella.
El rey se quitó su anillo, que había recuperado de Amán, y lo entregó a Mardoqueo. Y Ester puso a Mardoqueo sobre la casa de Amán.
Ester volvió a hablar delante del rey, y se postró a sus pies, y lloró, y le suplicó que revocara la maldad de Amán, el agagita, y su plan que había tramado contra los judíos.
El rey extendió hacia Ester el cetro de oro, y Ester se levantó y se puso de pie delante del rey,
y dijo: «Si al rey le parece bien, y si he alcanzado gracia delante de él, y si esto es justo ante el rey, y si soy agradable a sus ojos, que se escriba para revocar las cartas del plan de Amán, hijo de Hamedata, agagita, que escribió para destruir a los judíos que hay en todas las provincias del rey.
Porque ¿cómo podré yo ver el mal que alcanzará a mi pueblo? ¿Cómo podré ver la destrucción de mi parentela?»
El rey Asuero dijo a la reina Ester y al judío Mardoqueo: «Yo he dado a Ester la casa de Amán, y a él lo han colgado en la horca porque atentó contra los judíos.
Escriban, pues, a los judíos como les parezca bien, en el nombre del rey, y séllenlo con el anillo del rey, porque ninguna carta escrita en nombre del rey y sellada con el anillo del rey puede ser revocada.»
Entonces, en el mes tercero, que es el mes de Siván, a los veintitrés días del mes, fueron llamados los secretarios del rey, y se escribió conforme a todo lo que Mardoqueo mandó, a los judíos, a los sátrapas, a los gobernadores y a los príncipes de las provincias que había desde la India hasta Etiopía, ciento veintisiete provincias, a cada provincia según su escritura y a cada pueblo según su idioma, y a los judíos según su escritura y según su idioma.
Escribió en el nombre del rey Asuero, y lo selló con el anillo del rey, y envió las cartas por medio de correos a caballo, que montaban caballos veloces de las caballerizas reales.
En ellas el rey concedía a los judíos de cada ciudad que se reunieran y defendieran sus vidas, y destruyeran, mataran y exterminaran a cualquier fuerza armada del pueblo o provincia que los atacara, incluso a niños y mujeres, y que saquearan sus bienes,
en un mismo día en todas las provincias del rey Asuero, el día trece del mes duodécimo, que es el mes de Adar.
Una copia del edicto que había de promulgarse como ley en cada provincia, fue enviada a todos los pueblos, para que los judíos estuvieran preparados para aquel día, para vengarse de sus enemigos.
Los correos, que montaban caballos veloces, salieron apresurados por la orden del rey. Y el edicto fue promulgado en Susa, la capital.
Mardoqueo salió de la presencia del rey con vestiduras reales de azul y blanco, con una gran corona de oro y un manto de lino fino y púrpura. Y la ciudad de Susa se llenó de júbilo y alegría.
Para los judíos hubo luz, alegría, gozo y honra.
En cada provincia y en cada ciudad donde llegaba la orden del rey y su edicto, había entre los judíos alegría y gozo, banquetes y días de fiesta. Y muchos de los pueblos de la tierra se hicieron judíos, porque el temor de los judíos había caído sobre ellos.