El libro de Job es aceptado como canónico por todas las principales tradiciones cristianas y forma parte de los Ketuvim (Escritos) en la Biblia hebrea.
Job
Capítulo 10
Estoy hastiado de mi vida; daré libre curso a mi queja, hablaré con amargura de mi alma.
Diré a Dios: No me condenes; hazme entender por qué contiendes conmigo.
¿Te parece bien que oprimas, que deseches la obra de tus manos, y que resplandezcas sobre el consejo de los impíos?
¿Tienes tú ojos de carne? ¿Ves tú como mira el hombre?
¿Son tus días como los días del hombre, o tus años como los años humanos,
para que inquieras mi iniquidad y busques mi pecado,
aunque tú sabes que no soy impío, y que no hay quien de tu mano libre?
Tus manos me hicieron y me formaron; ¿y luego te vuelves para consumirme?
Acuérdate que como a barro me diste forma; ¿y en polvo me has de hacer volver?
¿No me vaciaste como leche, y como queso me cuajaste?
Me vestiste de piel y de carne, y me tejiste con huesos y nervios.
Vida y misericordia me concediste, y tu cuidado guardó mi espíritu.
Mas tú ocultas estas cosas en tu corazón; yo sé que esto lo tienes en tu mente:
si peco, tú me observas, y no me perdonas mi iniquidad.
Si fuere malo, ¡ay de mí! y si fuere justo, no levantaré mi cabeza, estando hastiado de vergüenza, y empapado de aflicción.
Y si levanto la cabeza, como a león feroz me cazas, y vuelves a hacer en mí maravillas.
Renuevas contra mí tus testigos, y aumentas tu furor contra mí, y traes contra mí nuevos ejércitos.
¿Por qué me sacaste de la matriz? Habría yo expirado, y ningún ojo me habría visto.
Hubiera sido como si nunca hubiera existido, llevado del vientre a la sepultura.
¿No son pocos mis días? Cesa, pues, y déjame, para que me consuele un poco,
antes que vaya para no volver, a la tierra de tinieblas y de sombra de muerte;
tierra de oscuridad, como la misma oscuridad, de sombra de muerte y de desorden, y donde la luz es como las tinieblas.