El libro de Job es aceptado como canónico por todas las principales tradiciones cristianas y forma parte de los Ketuvim (Escritos) en la Biblia hebrea.
Job
Capítulo 16
Respondió Job, y dijo:
He oído muchas cosas como esas; consoladores molestos sois todos vosotros.
¿Tendrán fin las palabras vanas? ¿O qué te anima a responder?
También yo podría hablar como vosotros, si vuestra alma estuviera en lugar de la mía; yo podría componer contra vosotros palabras, y contra vosotros menear mi cabeza.
Mas yo os alentaría con mi boca, y la consolación de mis labios calmaría vuestro dolor.
Si hablo, no cesa mi dolor; y si dejo de hablar, ¿se aparta de mí?
Mas ahora, ciertamente me ha agotado; has asolado a toda mi compañía.
Has arrugado mi rostro, y es testigo contra mí; mi flaqueza se levanta contra mí, y testifica en mi contra.
Su furor me destrozó, y me aborreció; contra mí rechinó sus dientes; contra mí aguzó sus ojos mi enemigo.
Han abierto contra mí su boca; hirieron mis mejillas con afrenta, y contra mí se juntaron todos.
Me ha entregado Dios al mentiroso, y en las manos de los impíos me hizo caer.
Yo vivía tranquilo, y me desmenuzó; me asió por la nuca, y me despedazó; me puso por blanco suyo.
Me cercan sus flecheros; hiende mis riñones, y no perdona; mi hiel derrama por tierra.
Me hiere de herida sobre herida, y contra mí arremete como gigante.
Yo cosí cilicio sobre mi piel, y puse mi cabeza en el polvo.
Mi rostro está enrojecido de llorar, y sobre mis párpados está la sombra de muerte;
a pesar de no haber violencia en mis manos, siendo pura mi oración.
¡Oh tierra!, no cubras mi sangre, y no haya lugar para mi clamor.
He aquí, pues, en los cielos está mi testigo, y mi testimonio en las alturas.
Mis amigos, mis burladores, también claman a Dios mis ojos.
¡Ojalá pudiese yo disputar con Dios, como disputo con un hombre!
Pero vienen años contados, y yo iré por el camino de donde no volveré.