El libro de Job es aceptado como canónico por todas las principales tradiciones cristianas y forma parte de los Ketuvim (Escritos) en la Biblia hebrea.
Job
Capítulo 23
Respondió Job, y dijo:
Aún hoy mi queja es amarga; su mano está más pesada que mis gemidos.
¡Quién me diese el saber dónde hallar a Dios! Yo iría hasta su morada.
Expondría mi causa delante de él, y llenaría mi boca de argumentos.
Yo sabría lo que él me respondiese, y entendería lo que me dijera.
¿Contendería conmigo con grandeza de fuerza? No; antes él me atendería.
Allí el justo razonaría con él; y yo escaparía para siempre de mi juez.
He aquí yo iré al oriente, y no lo hallaré; y al occidente, y no lo percibiré;
si él se mostrare en el norte, yo no lo veré; si se ocultare en el sur, no lo entenderé.
Mas él conoce mi camino; me probará, y saldré como oro.
Mis pies han seguido sus pisadas; guardé su camino, y no me aparté.
Del mandamiento de sus labios nunca me separé; guardé las palabras de su boca más que mi comida.
Mas si él determina una cosa, ¿quién lo hará cambiar? Su alma deseó, e hizo.
Él, pues, acabará lo que ha determinado de mí; y muchas cosas como estas hay en él.
Por lo cual yo me espanto en su presencia; cuando lo considero, tiemblo a causa de él.
Dios ha enervado mi corazón, y me ha turbado el Omnipotente.
Porque no fui destruido delante de las tinieblas, ni cubrió la oscuridad mi rostro.