El libro de Job es aceptado como canónico por todas las principales tradiciones cristianas y forma parte de los Ketuvim (Escritos) en la Biblia hebrea.
Job
Capítulo 30
Mas ahora se ríen de mí los más jóvenes que yo, a cuyos padres yo desdeñara poner con los perros de mi ganado.
¿Para qué, pues, me serviría la fuerza de sus manos? En ellos ha perecido la vejez.
Enflaquecidos de pobreza y de hambre, huían al desierto, a lugar tenebroso, asolado y desierto.
Y recogían malvas entre los arbustos, y raíces de retama para calentarse.
Eran echados de entre los suyos, y se les gritaba como a ladrones.
Habitaron en las cuevas de los arroyos, en los agujeros de la tierra y de las peñas.
Entre las matas rebuznaban, y se reunían debajo de las ortigas.
Hijos de necios, y aun hijos de hombres sin nombre, fueron más viles que la tierra.
Ahora yo soy su canción, y les sirvo de refrán.
Me aborrecen, se apartan de mí, y no refrenan de mí su saliva.
Porque Dios desató su cuerda y me afligió, por eso se desenfrenaron en mi presencia.
A mi diestra se levanta una turba; empujan mis pies, y allanan contra mí caminos de perdición.
Estorban mi camino, se aprovechan de mi quebrantamiento, no necesitan ayuda.
Por la gran brecha se entran, y ruedan entre la ruina.
Terrores se volvieron contra mí, y persiguen mi alma como el viento; mi salud pasa como nube.
Y ahora mi alma se derrama en mí; días de aflicción me han arrebatado.
De noche horadan mis huesos, y los dolores que me roen no descansan.
Por la gran violencia es mudado mi vestido; me ciñe como el cuello de mi túnica.
Me ha arrojado al lodo, y soy semejante al polvo y a la ceniza.
Clamo a ti, y no me oyes; me presento, y no me atiendes.
Te has vuelto cruel para conmigo; con el poder de tu mano me persigues.
Me alzaste, me hiciste cabalgar sobre el viento, y me disolviste en la tempestad.
Porque yo sé que me conduces a la muerte, y a la casa determinada para todos los vivientes.
Pero él no extenderá su mano contra el sepulcro; cuando clamen los que perecen, él escuchará.
¿No lloraba yo al desvalido? Y mi alma se entristecía por el menesteroso.
Cuando esperaba el bien, entonces vino el mal; y cuando esperaba la luz, vino la oscuridad.
Mis entrañas se hincharon, y no sosegaron; días de aflicción me han sobrecogido.
Andaba ennegrecido, pero no del sol; me levantaba en la congregación, y clamaba.
He venido a ser hermano de los dragones, y compañero de los avestruces.
Mi piel se ennegrece, y se me cae, y mis huesos arden de calor.
Por tanto, mi arpa se ha trocado en lamento, y mi flauta en voz de los que lloran.