El libro de Job es aceptado como canónico por todas las principales tradiciones cristianas y forma parte de los Ketuvim (Escritos) en la Biblia hebrea.
Job
Capítulo 31
Hice pacto con mis ojos; ¿cómo, pues, había yo de mirar a una virgen?
Porque ¿qué parte me daría Dios desde arriba, y qué heredad el Omnipotente desde las alturas?
¿No hay quebrantamiento para el impío, y desventura para los que obran iniquidad?
¿No ve él mis caminos, y cuenta todos mis pasos?
Si he andado con mentira, y si mi pie se ha apresurado a engaño,
péseme Dios en balanza de justicia, y conocerá mi integridad.
Si mis pasos se apartaron del camino, y si mi corazón se fue tras mis ojos, y si algo se ha pegado a mis manos,
siembre yo, y otro coma, y sea arrancado mi fruto.
Si mi corazón se dejó engañar de mujer, y si estuve acechando a la puerta de mi prójimo,
muela para otro mi mujer, y sobre ella otros se encorven.
Porque es una maldad e iniquidad delante de los jueces.
Porque es fuego que consume hasta el Abadón, y que habría de desarraigar toda mi hacienda.
Si hubiera tenido en poco el derecho de mi siervo y de mi sierva, cuando contendieran conmigo,
¿qué haría yo cuando Dios se levantase? Y cuando él visitara, ¿qué le respondería yo?
El que me hizo a mí en el vientre, ¿no lo hizo a él? ¿Y no nos dispuso uno mismo en la matriz?
Si estorbé el contentamiento de los pobres, e hice desfallecer los ojos de la viuda;
si comí yo solo mi bocado, y el huérfano no comió de él;
(porque desde mi juventud me creció como a un padre, y desde el vientre de mi madre fui guía de la viuda);
si he visto que perezca alguno sin vestido, y al menesteroso sin cobertura;
si no me bendijeron sus lomos, y del vellón de mis ovejas no se calentaron;
si he alzado mi mano contra el huérfano, por ver mi poder en la puerta;
mi brazo sea quebrado de mi hombro, y mi brazo sea roto de su hueso.
Porque temí el castigo de Dios, contra cuya majestad yo no podría.
Si puse en el oro mi esperanza, y dije al oro fino: Mi confianza eres tú;
si me alegré de que mis riquezas se multiplicasen, y de que mi mano hubiese alcanzado mucho;
si he mirado al sol cuando resplandecía, o a la luna cuando iba brillante,
y mi corazón se dejó seducir en secreto, y mi mano besó mi boca;
esto también fuera iniquidad delante de los jueces; porque habría negado al Dios de lo alto.
Si me alegré en el quebrantamiento del que me aborrecía, o me regocijé cuando el mal le halló;
(ni aun entregué al pecado mi lengua, pidiendo maldición para su alma);
si mis domésticos no decían: ¿Quién nos dará de su carne? Nunca nos saciamos.
El extranjero no pasaba la noche afuera; abría mis puertas al caminante.
Si encubrí, como suelen hacer los hombres, mis delitos, escondiendo mi maldad en mi seno;
porque temí a la gran multitud, y los desprecios de las familias me atemorizaron, y callé, no saliendo a mi puerta.
¡Quién me diera quien me oyese! He aquí mi voluntad es que el Omnipotente me responda, y que mi adversario escriba un libro.
Ciertamente yo lo llevaría sobre mi hombro, y me ceñiría con él como a una corona.
Yo le contaría el número de mis pasos, y como príncipe me presentaría ante él.
Si mi tierra clamare contra mí, y corrieren llorando sus surcos;
si comí su sustancia sin dinero, y afligí el alma de sus dueños;
en lugar de trigo me salgan espinos, y en lugar de cebada cizaña. Aquí acaban las palabras de Job.