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El libro de Job es aceptado como canónico por todas las principales tradiciones cristianas y forma parte de los Ketuvim (Escritos) en la Biblia hebrea.

Job

Capítulo 31

1

Hice pacto con mis ojos; ¿cómo, pues, había yo de mirar a una virgen?

2

Porque ¿qué parte me daría Dios desde arriba, y qué heredad el Omnipotente desde las alturas?

3

¿No hay quebrantamiento para el impío, y desventura para los que obran iniquidad?

4

¿No ve él mis caminos, y cuenta todos mis pasos?

5

Si he andado con mentira, y si mi pie se ha apresurado a engaño,

6

péseme Dios en balanza de justicia, y conocerá mi integridad.

7

Si mis pasos se apartaron del camino, y si mi corazón se fue tras mis ojos, y si algo se ha pegado a mis manos,

8

siembre yo, y otro coma, y sea arrancado mi fruto.

9

Si mi corazón se dejó engañar de mujer, y si estuve acechando a la puerta de mi prójimo,

10

muela para otro mi mujer, y sobre ella otros se encorven.

11

Porque es una maldad e iniquidad delante de los jueces.

12

Porque es fuego que consume hasta el Abadón, y que habría de desarraigar toda mi hacienda.

13

Si hubiera tenido en poco el derecho de mi siervo y de mi sierva, cuando contendieran conmigo,

14

¿qué haría yo cuando Dios se levantase? Y cuando él visitara, ¿qué le respondería yo?

15

El que me hizo a mí en el vientre, ¿no lo hizo a él? ¿Y no nos dispuso uno mismo en la matriz?

16

Si estorbé el contentamiento de los pobres, e hice desfallecer los ojos de la viuda;

17

si comí yo solo mi bocado, y el huérfano no comió de él;

18

(porque desde mi juventud me creció como a un padre, y desde el vientre de mi madre fui guía de la viuda);

19

si he visto que perezca alguno sin vestido, y al menesteroso sin cobertura;

20

si no me bendijeron sus lomos, y del vellón de mis ovejas no se calentaron;

21

si he alzado mi mano contra el huérfano, por ver mi poder en la puerta;

22

mi brazo sea quebrado de mi hombro, y mi brazo sea roto de su hueso.

23

Porque temí el castigo de Dios, contra cuya majestad yo no podría.

24

Si puse en el oro mi esperanza, y dije al oro fino: Mi confianza eres tú;

25

si me alegré de que mis riquezas se multiplicasen, y de que mi mano hubiese alcanzado mucho;

26

si he mirado al sol cuando resplandecía, o a la luna cuando iba brillante,

27

y mi corazón se dejó seducir en secreto, y mi mano besó mi boca;

28

esto también fuera iniquidad delante de los jueces; porque habría negado al Dios de lo alto.

29

Si me alegré en el quebrantamiento del que me aborrecía, o me regocijé cuando el mal le halló;

30

(ni aun entregué al pecado mi lengua, pidiendo maldición para su alma);

31

si mis domésticos no decían: ¿Quién nos dará de su carne? Nunca nos saciamos.

32

El extranjero no pasaba la noche afuera; abría mis puertas al caminante.

33

Si encubrí, como suelen hacer los hombres, mis delitos, escondiendo mi maldad en mi seno;

34

porque temí a la gran multitud, y los desprecios de las familias me atemorizaron, y callé, no saliendo a mi puerta.

35

¡Quién me diera quien me oyese! He aquí mi voluntad es que el Omnipotente me responda, y que mi adversario escriba un libro.

36

Ciertamente yo lo llevaría sobre mi hombro, y me ceñiría con él como a una corona.

37

Yo le contaría el número de mis pasos, y como príncipe me presentaría ante él.

38

Si mi tierra clamare contra mí, y corrieren llorando sus surcos;

39

si comí su sustancia sin dinero, y afligí el alma de sus dueños;

40

en lugar de trigo me salgan espinos, y en lugar de cebada cizaña. Aquí acaban las palabras de Job.

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