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El libro de Job es aceptado como canónico por todas las principales tradiciones cristianas y forma parte de los Ketuvim (Escritos) en la Biblia hebrea.

Job

Capítulo 33

1

Ahora, pues, Job, oye mis razones, y escucha todas mis palabras.

2

He aquí, yo abro ahora mi boca, y mi lengua habla en mi paladar.

3

Mis palabras son de la rectitud de mi corazón, y mis labios pronunciarán la pura verdad.

4

El espíritu de Dios me hizo, y el soplo del Omnipotente me dio vida.

5

Si puedes, respóndeme; ponte en orden delante de mí, haz la defensa.

6

Heme aquí a mí, en lugar de Dios, según tu dicho; del barro también yo fui formado.

7

He aquí, mi terror no te espantará, ni mi mano se agravará sobre ti.

8

Tú has dicho a mis oídos, y yo he oído la voz de tus palabras, que decían:

9

Yo soy limpio, y sin culpa; puro soy, y no hay maldad en mí.

10

Pero él ha buscado pretextos contra mí, me tiene por su enemigo;

11

Puso mis pies en el cepo, vigiló todas mis sendas.

12

He aquí, en esto no has justicia; yo te responderé, que mayor es Dios que el hombre.

13

¿Por qué contiendes contra él? Porque él no dará cuenta de ninguna de sus razones.

14

Sin embargo, en una o en dos maneras habla Dios; pero el hombre no entiende.

15

Por sueño, en visión de la noche, cuando el sueño cae sobre los hombres, cuando se adormecen sobre el lecho,

16

entonces revela al oído de los hombres, y les sella su instrucción,

17

para quitar al hombre de su obra, y apartar del varón la soberbia,

18

para detener su alma del hoyo, y su vida de que perezca a espada.

19

También sobre su lecho es castigado con dolor fuerte en todos sus huesos,

20

que le hace su vida aborrecer el pan, y su alma la comida que deseaba.

21

Su carne se consume a la vista, y sus huesos, que no se veían, se descubren.

22

Su alma se va acercando al sepulcro, y su vida a los que causan la muerte.

23

Si hubiere en él un ángel elocuente, un intercesor escogido entre mil, que anuncie al hombre su deber,

24

y que tenga misericordia de él y diga: Líbralo de descender al sepulcro; he hallado rescate;

25

entonces su carne será más tierna que la de un niño, y volverá a los días de su juventud.

26

Orará a Dios, y éste le aceptará; verá su faz con júbilo, y él restaurará al hombre su justicia.

27

Mirará sobre los hombres, y si alguno dijere: Pequé, y pervertí lo recto, y no me ha aprovechado,

28

Dios redimirá su alma para que no pase al sepulcro, y su vida se verá en luz.

29

He aquí, todas estas cosas hace Dios dos y tres veces con el hombre,

30

para apartar su alma del sepulcro, y para iluminarlo con la luz de los vivientes.

31

Escucha, Job, y óyeme; calla, y yo hablaré.

32

Si tienes qué decir, respóndeme; habla, porque yo te quiero justificar.

33

Y si no, óyeme tú a mí; calla, y te enseñaré sabiduría.

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