El libro de Job es aceptado como canónico por todas las principales tradiciones cristianas y forma parte de los Ketuvim (Escritos) en la Biblia hebrea.
Job
Capítulo 36
Continuó Eliú, y dijo:
Espérame un poco, y te enseñaré; porque todavía tengo razones en favor de Dios.
Tomaré mi saber desde lejos, y atribuiré la justicia a mi Hacedor.
Porque de cierto no son mentira mis palabras; contigo está uno íntegro en sabiduría.
He aquí, Dios es grande, mas no desprecia a nadie; es poderoso en fuerza de sabiduría.
No dará vida al impío, y a los afligidos dará su derecho.
No apartará sus ojos del justo; antes bien con los reyes los pondrá en solio para siempre, y serán exaltados.
Si estuvieren prendidos en grillos, y fueren atados en cuerdas de aflicción,
él les dará a conocer la obra de ellos, y que sus transgresiones se han engrandecido.
Les abrirá el oído a la disciplina, y les dirá que se conviertan de la iniquidad.
Si oyeren y le sirvieren, acabarán sus días en bienestar, y sus años en dicha.
Mas si no oyeren, perecerán a filo de espada, y morirán sin sabiduría.
Mas los impíos de corazón atesoran la ira; no clamarán cuando él los atare.
Morirá su alma en la juventud, y su vida entre los afeminados.
Al pobre librará de su pobreza, y en la aflicción despertará su oído.
Asimismo te inducirá del peligro a la anchura, y a la libertad, y a la abundancia de manjares, en que no hay estrechez; y en tus mesas se servirá comida sazonada.
Mas si tú has llenado el juicio de los impíos, el juicio y la justicia te detendrán.
Por cuanto hay ira, guárdate que la saña no te lleve al escarnio; ni el gran rescate te tuerza.
¿Tus riquezas te darán reposo sin angustia, o todos los esfuerzos de tu fuerza?
No anheles la noche, en que los pueblos desaparecen de su lugar.
Guárdate, no vuelvas a la iniquidad; pues de ésta escogiste antes que la aflicción.
He aquí, Dios es excelso en su poder; ¿qué enseñador semejante a él?
¿Quién le ha prescrito su camino? ¿Quién le dirá: Has hecho mal?
Acuérdate de engrandecer su obra, la cual contemplan los hombres.
Los hombres la ven, la miran todos desde lejos.
He aquí, Dios es grande, y nosotros no le conocemos; el número de sus años es inescrutable.
El levanta las gotas de las aguas, las cuales, destilando la lluvia de su nube,
destilan las nubes, y gotean sobre el hombre abundantemente.
¿Quién entenderá las extensiones de las nubes, y los estampidos de su pabellón?
He aquí, sobre él extiende su arco de luz, y cubre con él las profundidades del mar.
Porque por medio de estas cosas juzga a los pueblos, y da comida a los mortales.
Con las nubes cubre la luz, y le manda que no resplandezca, interponiendo la nube.
El trueno declarará por él, y también la tormenta, que anuncia el ganado de la tormenta que viene.