El libro de Job es aceptado como canónico por todas las principales tradiciones cristianas y forma parte de los Ketuvim (Escritos) en la Biblia hebrea.
Job
Capítulo 39
¿Sabes tú el tiempo en que paren las cabras monteses? ¿Has observado las ciervas cuando están de parto?
¿Contarás tú los meses que cumplen? ¿Sabes el tiempo en que paren?
Se encorvan, echan sus crías, pasan sus dolores.
Sus hijos se fortalecen, crecen en el campo, se van, y no vuelven a ellas.
¿Quién echó libre al asno montés, y quién soltó las ataduras del asno salvaje,
al cual yo puse por casa el desierto, y por habitación las tierras salobres?
Se burla del bullicio de la ciudad; no oye las voces del arriero.
Explora los montes de su pasto, y en busca de todo lo verde anda.
¿Querrá el búfalo servirte a ti, o quedarse en tu pesebre?
¿Atarás tú al búfalo con su coyunda para el surco? ¿Labrará los valles tras de ti?
¿Confiarás en él por ser grande su fuerza, y encomendarás a él tu labor?
¿Fiarás de él que él volverá tu simiente, y la recogerá en tu era?
¿Diste tú hermosas alas al pavo real, o alas y plumas al avestruz?
El avestruz abandona sus huevos en la tierra, y los calienta en el polvo,
y se olvida de que los pisará el pie, o los quebrantará alguna bestia del campo.
Se endurece para con sus crías, como si no fuesen suyas; en vano se fatiga, sin que le importe.
Porque Dios le hizo olvidar la sabiduría, y no le dio inteligencia.
En tiempo de su altivez se eleva en alto, y se burla del caballo y de su jinete.
¿Diste tú fuerza al caballo? ¿Cubriste tú su cuello de crines ondulantes?
¿Le intimidarás tú como a langosta? El resoplido de su nariz es formidable.
Escarba la tierra, se alegra en su fuerza, y sale al encuentro de las armas.
Se ríe del miedo, y no se espanta; ni vuelve el rostro delante de la espada.
Contra él suenan la aljaba, el hierro de la lanza y la jabalina.
El ímpetu y la furia lo devoran; no se contiene delante de la trompeta.
Como que dice entre los clarines: ¡Ea! Desde lejos huele la batalla, el estruendo de los capitanes y los gritos.
¿Vuela el gavilán por tu sabiduría, y extiende hacia el sur sus alas?
¿Se remonta el águila por tu mandamiento, y pone en alto su nido?
Ella habita y mora en la peña; en la cumbre de la peña y en la roca.
Desde allí acecha la presa; sus ojos observan de lejos.
Sus polluelos chupan la sangre; y donde los muertos están, allí está ella.