El libro de Job es aceptado como canónico por todas las principales tradiciones cristianas y forma parte de los Ketuvim (Escritos) en la Biblia hebrea.
Job
Capítulo 9
Respondió Job, y dijo:
Ciertamente yo sé que es así; ¿y cómo se justificará el hombre con Dios?
Si quisiere contender con él, no le podrá responder a una cosa entre mil.
Él es sabio de corazón, y poderoso en fuerzas; ¿quién se endureció contra él, y le fue bien?
Él arranca los montes con su furor, y no saben quién los trastornó;
Él remueve la tierra de su lugar, y hace temblar sus columnas;
Él manda al sol, y no sale; y sella las estrellas;
Él solo extendió los cielos, y anda sobre las olas del mar;
Él hizo la Osa, el Orión y las Pléyades, y los lugares secretos del sur;
Él hace cosas grandes e incomprensibles, y maravillosas, sin número.
He aquí que él pasará delante de mí, y yo no lo veré; pasará, y no lo entenderé.
He aquí, arrebatará; ¿quién le hará restituir? ¿Quién le dirá: Qué haces?
Dios no volverá atrás su ira, y debajo de él se abaten los que ayudan a los soberbios.
¿Cuánto menos le responderé yo, y hablaré con él palabras escogidas?
Aunque fuese yo justo, no respondería; antes habría de rogar a mi juez.
Si yo le invocara, y él me respondiese, aún no creeré que haya escuchado mi voz.
Porque me ha quebrantado con tempestad, y ha aumentado mis heridas sin causa.
No me ha concedido que tome aliento, sino que me ha llenado de amarguras.
Si habláremos de su potencia, por cierto es fuerte; si de juicio, ¿quién me emplazará?
Si yo me justificare, me condenaría mi boca; si perfecto me declarare, él me declarará perverso.
Si fuere íntegro, no sabré mi alma; aborreceré mi vida.
Una cosa resta que yo diga: Al perfecto y al impío él los consume.
Si azote mata de repente, se ríe del sufrimiento de los inocentes.
La tierra es entregada en manos de los impíos, y él cubre el rostro de sus jueces. Si no es él, ¿quién es? ¿Dónde está?
Mis días han sido más veloces que un correo; huyeron, no vieron el bien.
Pasaron como naves ligeras, como el águila que se arroja sobre la presa.
Si dijere: Olvidaré mi queja, dejaré mi tristeza y me esforzaré,
me turban todos mis dolores; sé que no me darás por inocente.
Si yo fuere impío, ¿por qué trabajo en vano?
Si me lavare con aguas de nieve, y limpiare mis manos con sosa,
aun así me hundirás en el hoyo, y mis propios vestidos me abominarán.
Porque él no es hombre como yo, para que yo le responda, y vengamos juntamente a juicio.
No hay entre nosotros árbitro que ponga su mano sobre nosotros dos.
Quite de mí su vara, y su terror no me espante;
entonces hablaré, y no le temeré; porque no estoy así conmigo mismo.