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El Libro de los Salmos es canónico en el judaísmo (Ketuvim) y el cristianismo (Antiguo Testamento), con su autoridad confirmada por manuscritos antiguos (Qumrán), el Nuevo Testamento y concilios (Hipona, Cartago). La Iglesia Ortodoxa Etíope Tewahedo, sin embargo, tiene un canon más amplio que incluye el Salmo 151 como parte integrante del Salterio, aceptado como Santa Escritura también por las tradiciones Ortodoxa, Siríaca y Armenia, demostrando la diversidad histórica de los cánones bíblicos.

Salmos

Capítulo 10

1

¿Por qué estás lejos, oh Jehová, Y te escondes en el tiempo de la tribulación?

2

Con arrogancia el malo persigue al pobre; Serán atrapados en los artificios que han ideado.

3

Porque el malo se jacta del deseo de su alma, Y el codicioso maldice y menosprecia a Jehová.

4

El malo, por la altivez de su rostro, no busca a Dios; No hay Dios en ninguno de sus pensamientos.

5

Sus caminos son torcidos en todo tiempo; Tus juicios están muy altos delante de él; A todos sus adversarios desprecia.

6

Dice en su corazón: No seré movido jamás; Nunca me alcanzará el infortunio.

7

Llena está su boca de maldición, de engaños y de fraude; Debajo de su lengua hay vejación y maldad.

8

Se sienta en acechanza cerca de las aldeas; En escondrijos mata al inocente. Sus ojos acechan al desvalido.

9

Acecha en oculto, como el león desde su cueva; Acecha para arrebatar al pobre; Arrebata al pobre trayéndolo a su red.

10

Se encorva, se agazapa, Y caen en sus garras muchos desdichados.

11

Dice en su corazón: Dios ha olvidado; Ha escondido su rostro; nunca lo verá.

12

Levántate, Jehová Dios; alza tu mano; No te olvides de los pobres.

13

¿Por qué menosprecia el malo a Dios? Dice en su corazón: No lo demandarás.

14

Tú lo has visto; porque tú ves la aflicción y la vejación, para ponerlas en tus manos; A ti se encarga el desvalido; tú eres el amparo del huérfano.

15

Quiebra tú el brazo del malo; Y al impío, persigue su maldad hasta no hallar ninguna.

16

Jehová es Rey eternamente y para siempre; De su tierra han perecido las gentes.

17

Jehová, tú oíste el anhelo de los humildes; Tú afirmarás su corazón, y harás atento tu oído,

18

Para juzgar al huérfano y al oprimido, A fin de que no vuelva más a hacer violencia el hombre de la tierra.

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