El Libro de los Salmos es canónico en el judaísmo (Ketuvim) y el cristianismo (Antiguo Testamento), con su autoridad confirmada por manuscritos antiguos (Qumrán), el Nuevo Testamento y concilios (Hipona, Cartago). La Iglesia Ortodoxa Etíope Tewahedo, sin embargo, tiene un canon más amplio que incluye el Salmo 151 como parte integrante del Salterio, aceptado como Santa Escritura también por las tradiciones Ortodoxa, Siríaca y Armenia, demostrando la diversidad histórica de los cánones bíblicos.
Salmos
Capítulo 108 — Cántico; salmo de David.
Dispuesto está mi corazón, oh Dios; Cantaré y salmodiaré; Esta es mi gloria.
Despertad, salterio y arpa; Me levantaré de mañana.
Te alabaré entre los pueblos, oh Jehová, Y a ti cantaré salmos entre las naciones.
Porque más grande que los cielos es tu misericordia, Y hasta los cielos tu verdad.
Exaltado seas sobre los cielos, oh Dios, Y sobre toda la tierra sea tu gloria.
Para que se libren tus amados, Salva con tu diestra, y respóndeme.
Dios ha dicho en su santuario: Yo me alegraré; Repartiré a Siquem, y mediré el valle de Sucot.
Mío es Galaad, mío es Manasés; Y Efraín es la fortaleza de mi cabeza; Judá es mi legislador.
Moab es la vasija para lavarme; Sobre Edom echaré mi calzado; Me regocijaré sobre Filistea.
¿Quién me guiará a la ciudad fortificada? ¿Quién me llevará hasta Edom?
Ciertamente tú, oh Dios, que nos habías desechado, Y no salías, oh Dios, con nuestros ejércitos.
Danos socorro contra el enemigo, Porque vana es la ayuda de los hombres.
En Dios haremos proezas, Y él hollará a nuestros enemigos.