El Libro de los Salmos es canónico en el judaísmo (Ketuvim) y el cristianismo (Antiguo Testamento), con su autoridad confirmada por manuscritos antiguos (Qumrán), el Nuevo Testamento y concilios (Hipona, Cartago). La Iglesia Ortodoxa Etíope Tewahedo, sin embargo, tiene un canon más amplio que incluye el Salmo 151 como parte integrante del Salterio, aceptado como Santa Escritura también por las tradiciones Ortodoxa, Siríaca y Armenia, demostrando la diversidad histórica de los cánones bíblicos.
Salmos
Capítulo 139 — Al músico principal. Salmo de David.
Oh Jehová, tú me has examinado y conocido.
Tú has conocido mi sentarme y mi levantarme; Has entendido desde lejos mis pensamientos.
Has escudriñado mi andar y mi reposo, Y todos mis caminos te son conocidos.
Pues aún no está la palabra en mi lengua, Y he aquí, oh Jehová, tú la sabes toda.
Detrás y delante me rodeaste, Y sobre mí pusiste tu mano.
Tal conocimiento es demasiado maravilloso para mí; Alto es, no lo puedo comprender.
¿A dónde me iré de tu Espíritu? ¿A dónde huiré de tu presencia?
Si subiere a los cielos, allí estás tú; Si en el Seol hiciere mi estrado, he aquí, allí tú estás.
Si tomare las alas del alba Y habitare en el extremo del mar,
Aun allí me guiará tu mano, Y me asirá tu diestra.
Si dijere: Ciertamente las tinieblas me encubrirán; Aun la noche resplandecerá alrededor de mí.
Aun las tinieblas no encubren de ti, Y la noche resplandece como el día; Lo mismo te son las tinieblas que la luz.
Porque tú formaste mis entrañas; Tú me hiciste en el vientre de mi madre.
Te alabaré; porque formidables, maravillosas son tus obras; Estoy maravillado, Y mi alma lo sabe muy bien.
No fue encubierto de ti mi cuerpo, Bien que en oculto fui formado, Y entretejido en lo más profundo de la tierra.
Mi embrión vieron tus ojos, Y en tu libro estaban escritas todas aquellas cosas Que fueron luego formadas, Sin faltar una de ellas.
¡Cuán preciosos me son, oh Dios, tus pensamientos! ¡Cuán grande es la suma de ellos!
Si los enumero, se multiplican más que la arena; Despierto, y aún estoy contigo.
De cierto, oh Dios, harás morir al impío; Apartaos, pues, de mí, hombres sanguinarios.
Porque blasfemias dicen ellos contra ti; Tus enemigos toman tu nombre en vano.
¿A los que te aborrecen, oh Jehová, no los aborrezco? ¿Y no me aflijo por los que se levantan contra ti?
Los aborrezco por completo; Los tengo por enemigos.
Examíname, oh Dios, y conoce mi corazón; Pruébame y conoce mis pensamientos;
Y vea si hay en mí camino de perversidad, Y guíame en el camino eterno.