El Libro de los Salmos es canónico en el judaísmo (Ketuvim) y el cristianismo (Antiguo Testamento), con su autoridad confirmada por manuscritos antiguos (Qumrán), el Nuevo Testamento y concilios (Hipona, Cartago). La Iglesia Ortodoxa Etíope Tewahedo, sin embargo, tiene un canon más amplio que incluye el Salmo 151 como parte integrante del Salterio, aceptado como Santa Escritura también por las tradiciones Ortodoxa, Siríaca y Armenia, demostrando la diversidad histórica de los cánones bíblicos.
Salmos
Capítulo 141 — Salmo de David.
Oh Jehová, a ti he clamado; apresúrate a mí; Escucha mi voz cuando clamo a ti.
Suba mi oración delante de ti como el incienso, El don de mis manos como la ofrenda de la tarde.
Pon guarda, oh Jehová, a mi boca; Guarda la puerta de mis labios.
No inclines mi corazón a cosa mala, A hacer obras impías Con los que hacen iniquidad; Y no coma yo de sus deleites.
Que el justo me castigue, será un favor; Que me reprenda, será un excelente bálsamo que no me herirá la cabeza; Pero mi oración estará continuamente en sus calamidades.
Cuando sus jueces sean arrojados de las peñas, Oirán mis palabras que son dulces.
Nuestros huesos están esparcidos a la boca del Seol, Como cuando se corta leña en la tierra.
Mas a ti, oh Jehová Señor, están puestos mis ojos; En ti he confiado; no desampares mi alma.
Guárdame de los lazos que me han tendido, Y de las trampas de los que hacen iniquidad.
Caigan los impíos en sus redes, Mientras que yo escape.