El Libro de los Salmos es canónico en el judaísmo (Ketuvim) y el cristianismo (Antiguo Testamento), con su autoridad confirmada por manuscritos antiguos (Qumrán), el Nuevo Testamento y concilios (Hipona, Cartago). La Iglesia Ortodoxa Etíope Tewahedo, sin embargo, tiene un canon más amplio que incluye el Salmo 151 como parte integrante del Salterio, aceptado como Santa Escritura también por las tradiciones Ortodoxa, Siríaca y Armenia, demostrando la diversidad histórica de los cánones bíblicos.
Salmos
Capítulo 144 — Salmo de David.
Bendito sea Jehová, mi roca, Quien adiestra mis manos para la batalla, Y mis dedos para la guerra;
Misericordia mía, y mi castillo; Fortaleza mía, y mi libertador; Escudo mío, en quien he confiado; El que sujeta a mi pueblo debajo de mí.
Oh Jehová, ¿qué es el hombre, para que en él pienses? ¿O el hijo del hombre, para que lo estimes?
El hombre es semejante a la vanidad; Sus días son como la sombra que pasa.
Oh Jehová, inclina tus cielos y desciende; Toca los montes, y humeen.
Despide relámpagos, y disípalos; Envía tus saetas, y contúrbalos.
Envía tu mano desde lo alto; Sácame, y líbrame de las muchas aguas, De la mano de los hijos extraños,
Cuya boca habla vanidad, Y su diestra es diestra de mentira.
A ti, oh Dios, cantaré cántico nuevo; Con salterio, con decacordio cantaré a ti.
Tú, el que da salvación a los reyes, El que rescata a David su siervo de la espada maligna.
Sácame, y líbrame de la mano de los hijos extraños, Cuya boca habla vanidad, Y su diestra es diestra de mentira.
Que nuestros hijos sean como plantas crecidas en su juventud; Nuestras hijas como esquinas labradas como las de un palacio;
Nuestros graneros llenos, provistos de toda suerte de grano; Nuestros ganados, que produzcan a millares y a decenas de millares en nuestros campos;
Nuestros bueyes estén fuertes para el trabajo; Que no haya asalto, ni salida, Ni clamores en nuestras plazas.
Bienaventurado el pueblo que tiene esto; Bienaventurado el pueblo cuyo Dios es Jehová.