El Libro de los Salmos es canónico en el judaísmo (Ketuvim) y el cristianismo (Antiguo Testamento), con su autoridad confirmada por manuscritos antiguos (Qumrán), el Nuevo Testamento y concilios (Hipona, Cartago). La Iglesia Ortodoxa Etíope Tewahedo, sin embargo, tiene un canon más amplio que incluye el Salmo 151 como parte integrante del Salterio, aceptado como Santa Escritura también por las tradiciones Ortodoxa, Siríaca y Armenia, demostrando la diversidad histórica de los cánones bíblicos.
Salmos
Capítulo 146
Aleluya. Alaba, oh alma mía, a Jehová.
Alabaré a Jehová en mi vida; Cantaré salmos a mi Dios mientras viva.
No confiéis en los príncipes, Ni en hijo de hombre, porque no hay en él salvación.
Pues sale su aliento, y vuelve a la tierra; En ese mismo día perecen sus pensamientos.
Bienaventurado aquel cuyo ayuda es el Dios de Jacob, Cuya esperanza está en Jehová su Dios;
El cual hizo los cielos y la tierra, El mar, y todo lo que en ellos hay; Que guarda verdad para siempre;
Que hace justicia a los agraviados, Que da pan a los hambrientos. Jehová liberta a los presos;
Jehová abre los ojos a los ciegos; Jehová levanta a los caídos; Jehová ama a los justos.
Jehová guarda a los extranjeros; Al huérfano y a la viuda sostiene; Y el camino de los impíos trastorna.
Jehová reinará para siempre; Tu Dios, oh Sión, por generación y generación. Aleluya.