El Libro de los Salmos es canónico en el judaísmo (Ketuvim) y el cristianismo (Antiguo Testamento), con su autoridad confirmada por manuscritos antiguos (Qumrán), el Nuevo Testamento y concilios (Hipona, Cartago). La Iglesia Ortodoxa Etíope Tewahedo, sin embargo, tiene un canon más amplio que incluye el Salmo 151 como parte integrante del Salterio, aceptado como Santa Escritura también por las tradiciones Ortodoxa, Siríaca y Armenia, demostrando la diversidad histórica de los cánones bíblicos.
Salmos
Capítulo 30 — Salmo, cántico para la dedicación de la casa. Salmo de David.
Te glorificaré, oh Jehová, porque me has exaltado, Y no permitiste que mis enemigos se regocijasen sobre mí.
Jehová Dios mío, Clamé a ti, y me sanaste.
Oh Jehová, hiciste subir mi alma del Seol; Me diste vida, para que no descendiese a la fosa.
Cantad a Jehová, vosotros sus santos, Y alabad la memoria de su santidad.
Porque un momento será su furor; Mas en su voluntad está la vida; Por la noche durará el lloro, Y a la mañana vendrá la alegría.
En mi prosperidad dije yo: No seré jamás conmovido.
Porque tú, Jehová, con tu favor has hecho fuerte a mi monte; Escondiste tu rostro, y fui conturbado.
A ti, oh Jehová, clamé, Y al Señor supliqué.
¿Qué provecho hay en mi sangre, cuando desciendo a la fosa? ¿Te alabará el polvo? ¿Anunciará tu verdad?
Oye, oh Jehová, y ten misericordia de mí; Jehová, sé tú mi ayudador.
Has cambiado mi lamento en baile; Desataste mi cilicio, y me ceñiste de alegría.
Por tanto, a ti cantaré, gloria mía, y no estaré callado. Jehová Dios mío, te alabaré para siempre.