El Libro de los Salmos es canónico en el judaísmo (Ketuvim) y el cristianismo (Antiguo Testamento), con su autoridad confirmada por manuscritos antiguos (Qumrán), el Nuevo Testamento y concilios (Hipona, Cartago). La Iglesia Ortodoxa Etíope Tewahedo, sin embargo, tiene un canon más amplio que incluye el Salmo 151 como parte integrante del Salterio, aceptado como Santa Escritura también por las tradiciones Ortodoxa, Siríaca y Armenia, demostrando la diversidad histórica de los cánones bíblicos.
Salmos
Capítulo 35 — Salmo de David.
Plea, oh Jehová, con los que contra mí pleitean; Pelea contra los que contra mí pelean.
Echa mano del escudo y de la adarga, Y levántate en mi ayuda.
Saca la lanza, y cierra el paso a mis perseguidores; Di a mi alma: Yo soy tu salvación.
Sean avergonzados y confundidos los que buscan mi vida; Vuelvan atrás y sean avergonzados los que mi mal intentan.
Sean como el tamo delante del viento, Y el ángel de Jehová los acose.
Sea su camino tenebroso y resbaladizo, Y el ángel de Jehová los persiga.
Porque sin causa escondieron para mí su red en un foso; Sin causa cavaron hoyo para mi alma.
Sobre él venga la destrucción de que no sabe, Y le alcance la red que escondió, Y caiga en esa misma destrucción.
Entonces mi alma se alegrará en Jehová; Se regocijará en su salvación.
Todos mis huesos dirán: Jehová, ¿quién como tú? Que libras al afligido del más fuerte que él, Y al afligido y menesteroso del que le roba.
Se levantaron testigos falsos; Cosas que yo no sabía me preguntaban.
Me pagaban mal por bien, Y me dejaban sin esperanza.
Mas yo, cuando ellos enfermaban, me vestía de cilicio; Afligía con ayuno mi alma, Y mi oración se volvía a mi seno.
Como por mi compañero, por mi hermano me conducía; Como el que llora por su madre, enlutado me humillaba.
Pero ellos, en mi adversidad, se alegraban y se juntaban; Se juntaban contra mí los desgraciados, y yo no lo entendía; Me desgarraban sin cesar;
Como los impíos que se burlan entre sí, crujían contra mí sus dientes.
Señor, ¿hasta cuándo lo verás? Rescata mi alma de sus desolaciones, De los leones mi vida.
Te alabaré en la gran congregación; Te loaré en medio de numeroso pueblo.
No se alegren de mí los que sin causa son mis enemigos, Ni los que me aborrecen sin causa guiñen el ojo.
Porque no hablan paz, Sino que contra los pacíficos de la tierra piensan palabras engañosas.
Abrieron contra mí su boca, y dijeron: ¡Ja, ja; nuestros ojos lo han visto!
Tú lo has visto, oh Jehová; no calles; Señor, no te alejes de mí.
Despierta, oh Jehová, y levántate para mi juicio, Para mi causa, Dios mío y Señor mío.
Júzgame conforme a tu justicia, Jehová Dios mío, Y no se alegren de mí.
No digan en su corazón: ¡Ah, alma nuestra! No digan: Lo hemos devorado.
Sean avergonzados y confundidos a una los que de mi mal se alegran; Vístanse de vergüenza y de confusión los que se engrandecen contra mí.
Canten y alégrense los que aman mi justicia, Y digan siempre: Sea ensalzado Jehová, Que ama la paz de su siervo.
Y mi lengua hablará de tu justicia, Y de tu alabanza todo el día.