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El Libro de los Salmos es canónico en el judaísmo (Ketuvim) y el cristianismo (Antiguo Testamento), con su autoridad confirmada por manuscritos antiguos (Qumrán), el Nuevo Testamento y concilios (Hipona, Cartago). La Iglesia Ortodoxa Etíope Tewahedo, sin embargo, tiene un canon más amplio que incluye el Salmo 151 como parte integrante del Salterio, aceptado como Santa Escritura también por las tradiciones Ortodoxa, Siríaca y Armenia, demostrando la diversidad histórica de los cánones bíblicos.

Salmos

Capítulo 36 — Al músico principal. Salmo de David, siervo de Jehová.

1

La iniquidad del malo dice en medio de mi corazón: No hay temor de Dios delante de sus ojos.

2

Se adula, pues, a sus propios ojos, Hasta que su iniquidad sea hallada aborrecible.

3

Las palabras de su boca son iniquidad y fraude; Ha dejado de ser sabio y de hacer el bien.

4

En su cama trama la maldad; Se detiene en camino no bueno; El mal no aborrece.

5

Jehová, hasta los cielos es tu misericordia; Tu fidelidad alcanza hasta las nubes.

6

Tu justicia es como los montes de Dios; Tus juicios, como grande abismo; Oh Jehová, al hombre y al animal tú salvas.

7

¡Cuán preciosa, oh Dios, es tu misericordia! Por eso los hijos de los hombres se amparan bajo la sombra de tus alas.

8

Serán completamente saciados de la grosura de tu casa, Y los abrevarás del torrente de tus delicias.

9

Porque contigo está el manantial de la vida; En tu luz veremos la luz.

10

Extiende tu misericordia a los que te conocen, Y tu justicia a los rectos de corazón.

11

No venga contra mí el pie de soberbia, Ni me mueva la mano de los impíos.

12

Allí cayeron los hacedores de iniquidad; Fueron derribados, y no pudieron levantarse.

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