El Libro de los Salmos es canónico en el judaísmo (Ketuvim) y el cristianismo (Antiguo Testamento), con su autoridad confirmada por manuscritos antiguos (Qumrán), el Nuevo Testamento y concilios (Hipona, Cartago). La Iglesia Ortodoxa Etíope Tewahedo, sin embargo, tiene un canon más amplio que incluye el Salmo 151 como parte integrante del Salterio, aceptado como Santa Escritura también por las tradiciones Ortodoxa, Siríaca y Armenia, demostrando la diversidad histórica de los cánones bíblicos.
Salmos
Capítulo 44 — Al músico principal; de los hijos de Coré. Masquil.
Oh Dios, con nuestros oídos hemos oído; Nuestros padres nos han contado, La obra que hiciste en sus días, en los tiempos antiguos.
Tú con tu mano echaste las naciones, y los plantaste a ellos; Afligiste los pueblos, y los arrojaste.
Pues no se apoderaron de la tierra por su espada, Ni su brazo los salvó; Sino tu diestra, y tu brazo, y la luz de tu rostro, Porque te complaciste en ellos.
Tú eres mi rey, oh Dios; Manda salvación a Jacob.
Por medio de ti sacudiremos a nuestros enemigos; En tu nombre hollaremos a nuestros adversarios.
Porque no confiaré en mi arco, Ni mi espada me salvará.
Pues tú nos has salvado de nuestros enemigos, Y has avergonzado a los que nos aborrecían.
En Dios nos gloriamos todo el tiempo, Y alabaremos tu nombre para siempre. Selah
Mas nos has desechado y nos has avergonzado; Y no sales con nuestros ejércitos.
Nos hiciste retroceder del enemigo, Y nuestros enemigos nos saquearon.
Nos entregaste como ovejas destinadas a la comida, Y nos esparciste entre las naciones.
Has vendido tu pueblo de balde, Y no aumentaste tu riqueza con su precio.
Nos pusiste por afrenta a nuestros vecinos, Por escarnio y por burla a los que nos rodean.
Nos pusiste por proverbio entre las naciones; Por movimiento de cabeza entre los pueblos.
Cada día mi confusión está delante de mí, Y la vergüenza de mi rostro me ha cubierto,
Por la voz del que me afrenta y deshonra, Por razón del enemigo y del vengativo.
Todo esto nos ha venido; Con todo, no nos hemos olvidado de ti, Ni hemos faltado a tu pacto.
No se ha vuelto atrás nuestro corazón, Ni han declinado nuestros pasos de tu camino;
Aunque nos quebrantaste en el lugar de los chacales, Y nos cubriste con sombra de muerte.
Si nos hubiésemos olvidado del nombre de nuestro Dios, O alzado nuestras manos a dios ajeno,
¿No demandaría Dios esto? Porque él conoce los secretos del corazón.
Mas por tu causa somos muertos todo el tiempo; Somos contados como ovejas para el matadero.
Despierta; ¿por qué duermes, Señor? Despierta, no nos rechaces para siempre.
¿Por qué escondes tu rostro, Y te olvidas de nuestra aflicción y de nuestra angustia?
Porque nuestra alma está abatida hasta el polvo, Y nuestro cuerpo está postrado en tierra.
Levántate para ayudarnos, Y rescátanos por tu misericordia.