El Libro de los Salmos es canónico en el judaísmo (Ketuvim) y el cristianismo (Antiguo Testamento), con su autoridad confirmada por manuscritos antiguos (Qumrán), el Nuevo Testamento y concilios (Hipona, Cartago). La Iglesia Ortodoxa Etíope Tewahedo, sin embargo, tiene un canon más amplio que incluye el Salmo 151 como parte integrante del Salterio, aceptado como Santa Escritura también por las tradiciones Ortodoxa, Siríaca y Armenia, demostrando la diversidad histórica de los cánones bíblicos.
Salmos
Capítulo 5 — Al músico principal; sobre Nehilot. Salmo de David.
Escucha, oh Jehová, mis palabras; Considera mi gemido.
Está atento a la voz de mi clamor, Rey mío y Dios mío, Porque a ti oraré.
Oh Jehová, de mañana oirás mi voz; De mañana me presentaré delante de ti, y esperaré.
Porque tú no eres un Dios que se complace en la maldad; El malo no habitará junto a ti.
Los insensatos no estarán delante de tus ojos; Aborreces a todos los que hacen iniquidad.
Destruirás a los que hablan mentira; Al hombre sanguinario y engañador abominará Jehová.
Mas yo por la multitud de tu misericordia entraré en tu casa; Adoraré hacia tu santo templo en tu temor.
Guíame, Jehová, en tu justicia, a causa de mis enemigos; Endereza delante de mí tu camino.
Porque no hay en su boca sinceridad; Sus entrañas son maldad; Sepulcro abierto es su garganta; Con su lengua hablan lisonjas.
Castígalos, oh Dios; Caigan de sus consejos; Por la multitud de sus rebeliones échales fuera, Porque se rebelaron contra ti.
Pero alégrense todos los que en ti confían; Den voces de júbilo para siempre, porque tú los defiendes; Y en ti se regocijen los que aman tu nombre.
Porque tú, oh Jehová, bendecirás al justo; Como con un escudo lo rodearás de tu favor.