El Libro de los Salmos es canónico en el judaísmo (Ketuvim) y el cristianismo (Antiguo Testamento), con su autoridad confirmada por manuscritos antiguos (Qumrán), el Nuevo Testamento y concilios (Hipona, Cartago). La Iglesia Ortodoxa Etíope Tewahedo, sin embargo, tiene un canon más amplio que incluye el Salmo 151 como parte integrante del Salterio, aceptado como Santa Escritura también por las tradiciones Ortodoxa, Siríaca y Armenia, demostrando la diversidad histórica de los cánones bíblicos.
Salmos
Capítulo 66 — Al músico principal. Cántico; salmo.
Cantad con júbilo a Dios, toda la tierra.
Cantad la gloria de su nombre; Dad gloria a su alabanza.
Decid a Dios: ¡Cuán terribles son tus obras! Por la grandeza de tu poder se someterán a ti tus enemigos.
Toda la tierra te adorará, Y te cantará salmos; Cantará salmos a tu nombre. Selah
Venid, y ved las obras de Dios; Terrible en sus hechos sobre los hijos de los hombres.
Convirtió el mar en tierra seca; Por el río pasaron a pie; Allí en él nos alegramos.
Él señorea con su poder para siempre; Sus ojos vigilan sobre las naciones; Los rebeldes no se ensoberbezcan. Selah
Bendecid, pueblos, a nuestro Dios, Y haced oír la voz de su alabanza.
Él es el que puso nuestra alma en la vida, Y no permitió que nuestros pies resbalasen.
Porque tú nos probaste, oh Dios; Nos ensayaste como se afina la plata.
Nos metiste en la red; Pusiste sobre nuestros lomos pesada carga.
Hiciste cabalgar hombres sobre nuestra cabeza; Pasamos por fuego y por agua; Pero nos sacaste a abundancia.
Entraré en tu casa con holocaustos; Te pagaré mis votos,
Los que prometieron mis labios, Y habló mi boca en mi angustia.
Holocaustos de animales engordados te ofreceré, Con incienso de carneros; Ofreceré bueyes con machos cabríos. Selah
Venid, oíd todos los que teméis a Dios, Y contaré lo que ha hecho a mi alma.
A él clamé con mi boca, Y fue exaltado con mi lengua.
Si en mi corazón hubiese yo mirado a la iniquidad, El Señor no me habría escuchado.
Mas ciertamente me escuchó Dios; Atendió a la voz de mi súplica.
Bendito sea Dios, Que no rechazó mi oración, Ni apartó de mí su misericordia.