El Libro de los Salmos es canónico en el judaísmo (Ketuvim) y el cristianismo (Antiguo Testamento), con su autoridad confirmada por manuscritos antiguos (Qumrán), el Nuevo Testamento y concilios (Hipona, Cartago). La Iglesia Ortodoxa Etíope Tewahedo, sin embargo, tiene un canon más amplio que incluye el Salmo 151 como parte integrante del Salterio, aceptado como Santa Escritura también por las tradiciones Ortodoxa, Siríaca y Armenia, demostrando la diversidad histórica de los cánones bíblicos.
Salmos
Capítulo 71
En ti, oh Jehová, he esperado; No sea yo confundido para siempre.
Líbrame en tu justicia, y hazme escapar; Inclina a mí tu oído, y sálvame.
Sé para mí una roca de refugio, adonde recurra yo continuamente; Tú has dado mandamiento para salvarme, Porque tú eres mi roca y mi fortaleza.
Dios mío, líbrame de la mano del impío, De la mano del injusto y del violento.
Porque tú eres mi esperanza, Señor Jehová; Seguridad mía desde mi juventud.
En ti he sido sustentado desde el vientre; De las entrañas de mi madre tú me sacaste; De ti será siempre mi alabanza.
Como prodigio he sido para muchos, Y tú mi refugio fuerte.
Mi boca se llenará de tu alabanza, Y de tu gloria todo el día.
No me deseches en el tiempo de la vejez; Cuando mi fuerza se acabare, no me desampares.
Porque mis enemigos hablan de mí, Y los que acechan mi vida consultan juntos,
Diciendo: Dios lo ha desamparado; Perseguidlo y prendedlo, porque no hay quien lo libre.
Oh Dios, no te alejes de mí; Dios mío, apresúrate a socorrerme.
Sean avergonzados, sean consumidos los enemigos de mi alma; Cúbranse de afrenta y de confusión los que buscan mi mal.
Mas yo esperaré siempre, Y te alabaré más y más.
Mi boca publicará tu justicia Y tu salvación cada día, Aunque no sepa su número.
Vendré a los hechos poderosos del Señor Jehová; Haré memoria de tu justicia, de la tuya solamente.
Oh Dios, me enseñaste desde mi juventud, Y hasta ahora he manifestado tus maravillas.
Aun en la vejez y las canas, oh Dios, no me desampares, Hasta que anuncie tu poder a la posteridad, Y tu fuerza a todos los que han de venir.
Y tu justicia, oh Dios, es muy grande; Tú has hecho grandes cosas; Oh Dios, ¿quién como tú?
Tú, que me has hecho ver muchas angustias y males, Volverás a darme vida, Y de los abismos de la tierra me levantarás de nuevo.
Aumentarás mi grandeza, Y volverás a consolarme.
Asimismo yo te alabaré con salterio, por tu verdad, oh Dios mío; Te cantaré con arpa, oh Santo de Israel.
Se alegrarán mis labios cuando a ti cante; Y mi alma, la cual redimiste.
También mi lengua hablará de tu justicia todo el día; Porque han sido avergonzados, porque han sido confundidos los que buscan mi mal.