El Libro de los Salmos es canónico en el judaísmo (Ketuvim) y el cristianismo (Antiguo Testamento), con su autoridad confirmada por manuscritos antiguos (Qumrán), el Nuevo Testamento y concilios (Hipona, Cartago). La Iglesia Ortodoxa Etíope Tewahedo, sin embargo, tiene un canon más amplio que incluye el Salmo 151 como parte integrante del Salterio, aceptado como Santa Escritura también por las tradiciones Ortodoxa, Siríaca y Armenia, demostrando la diversidad histórica de los cánones bíblicos.
Salmos
Capítulo 73 — Libro Tercero (Salmos 73-89) Salmo de Asaf.
Ciertamente es bueno Dios para con Israel, Para con los limpios de corazón.
En cuanto a mí, casi se deslizaron mis pies; Por poco resbalaron mis pasos.
Porque tuve envidia de los arrogantes, Viendo la prosperidad de los impíos.
Porque no hay congojas para ellos, Pues su cuerpo está sano y robusto.
No pasan trabajos como los otros hombres, Ni son azotados como los demás.
Por tanto, la soberbia les sirve de collar; Violencia les cubre como vestidura.
Los ojos se les saltan de gordura; Logran más que los deseos de su corazón.
Se mofan y hablan con maldad de hacer violencia; Hablan con altanería.
Ponen su boca contra el cielo, Y su lengua recorre la tierra.
Por eso Dios hará volver a su pueblo a este lugar, Y beberán agua en abundancia.
Y dicen: ¿Cómo sabe Dios? ¿Y hay conocimiento en el Altísimo?
He aquí estos impíos, Sin ser turbados del mundo, alcanzaron riquezas.
Verdaderamente en vano he limpiado mi corazón, Y lavado mis manos en inocencia;
Pues he sido azotado todo el día, Y castigado cada mañana.
Si dijera yo: Hablaré como ellos, He aquí, a la generación de tus hijos engañara.
Cuando pensé para saber esto, Fue duro trabajo para mí,
Hasta que entrando en el santuario de Dios, Comprendí el fin de ellos.
Ciertamente los has puesto en deslizaderos; Los precipitas en la destrucción.
¡Cómo han sido asolados en un momento! ¡Acabados, consumidos de terrores!
Como sueño del que despierta, Así, oh Señor, al despertar tú, menospreciarás su apariencia.
Se llenó de amargura mi corazón, Y en sus riñones sentía punzadas.
Tan torpe era yo, que no entendía; Era como una bestia delante de ti.
Con todo, yo siempre estoy contigo; Me tomaste de la mano derecha.
Me has guiado según tu consejo, Y después me recibirás en gloria.
¿A quién tengo yo en los cielos sino a ti? Y fuera de ti nada deseo en la tierra.
Mi carne y mi corazón desfallecen; Mas la roca de mi corazón y mi porción es Dios para siempre.
Porque he aquí, los que se alejan de ti perecerán; Tú destruirás a todo el que de ti se aparta.
Pero en cuanto a mí, el acercarme a Dios es el bien; He puesto en Jehová el Señor mi esperanza, Para contar todas tus obras.