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El Libro de los Salmos es canónico en el judaísmo (Ketuvim) y el cristianismo (Antiguo Testamento), con su autoridad confirmada por manuscritos antiguos (Qumrán), el Nuevo Testamento y concilios (Hipona, Cartago). La Iglesia Ortodoxa Etíope Tewahedo, sin embargo, tiene un canon más amplio que incluye el Salmo 151 como parte integrante del Salterio, aceptado como Santa Escritura también por las tradiciones Ortodoxa, Siríaca y Armenia, demostrando la diversidad histórica de los cánones bíblicos.

Salmos

Capítulo 74 — Masquil de Asaf.

1

¿Por qué, oh Dios, nos has desechado para siempre? ¿Por qué se ha encendido tu furor contra las ovejas de tu dehesa?

2

Acuérdate de tu congregación, la que adquiriste desde el principio, La que redimiste para ser la tribu de tu heredad; Acuérdate del monte de Sión, donde has habitado.

3

Levanta tus pies a las eternas ruinas; El enemigo ha destruido todo en el santuario.

4

Tus enemigos braman en medio de tus asambleas; Pusieron sus divisas por señales.

5

Se parecía a los que levantan hachas en medio de un bosque de árboles.

6

Y todas sus entalladuras quebraron a hachazos y martillos.

7

Han puesto fuego a tu santuario, Han derribado el tabernáculo de tu nombre.

8

Dijeron en sus corazones: Destruyámoslos juntos; Quemaron todas las casas de Dios en la tierra.

9

No vemos ya nuestras insignias; No hay más profeta, Ni entre nosotros hay quien sepa hasta cuándo.

10

¿Hasta cuándo, oh Dios, permitirá el angustiador que nos afrente? ¿Ha de blasfemar el enemigo perpetuamente tu nombre?

11

¿Por qué retiras tu mano, aun tu diestra? Sácala de en medio de tu seno, consúmelos.

12

Pero Dios es mi rey desde tiempo antiguo, El que obra salvación en medio de la tierra.

13

Tú dividiste el mar con tu poder; Quebrantaste las cabezas de los monstruos en las aguas.

14

Tú magullaste las cabezas del leviatán, Y lo diste por comida a las fieras del desierto.

15

Tú abriste fuentes y arroyos; Tú secaste los ríos impetuosos.

16

Tuyo es el día, tuya también es la noche; Tú ordenaste la luna y el sol.

17

Tú estableciste todos los límites de la tierra; El verano y el invierno tú los formaste.

18

Acuérdate de esto: que el enemigo ha afrentado a Jehová, Y pueblo insensato ha blasfemado tu nombre.

19

No entregues a las fieras el alma de tu tórtola; No olvides para siempre la vida de tus pobres.

20

Mira al pacto; Porque los lugares oscuros de la tierra están llenos de habitaciones de violencia.

21

No vuelva abochornado el quebrantado; Alaben el pobre y el menesteroso tu nombre.

22

Levántate, oh Dios, aboga tu causa; Acuérdate de cómo el insensato te afrenta cada día.

23

No olvides las voces de tus enemigos; El tumulto de los que se levantan contra ti sube continuamente.

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