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El Libro de los Salmos es canónico en el judaísmo (Ketuvim) y el cristianismo (Antiguo Testamento), con su autoridad confirmada por manuscritos antiguos (Qumrán), el Nuevo Testamento y concilios (Hipona, Cartago). La Iglesia Ortodoxa Etíope Tewahedo, sin embargo, tiene un canon más amplio que incluye el Salmo 151 como parte integrante del Salterio, aceptado como Santa Escritura también por las tradiciones Ortodoxa, Siríaca y Armenia, demostrando la diversidad histórica de los cánones bíblicos.

Salmos

Capítulo 78 — Masquil de Asaf.

1

Escucha, pueblo mío, mi ley; Inclina vuestro oído a las palabras de mi boca.

2

Abriré mi boca en proverbios; Hablaré cosas escondidas de tiempos antiguos,

3

Que hemos oído y entendido; Y nuestros padres nos las contaron.

4

No las encubriremos a sus hijos, Contando a la generación venidera las alabanzas de Jehová, Y su potencia, y las maravillas que hizo.

5

Él estableció testimonio en Jacob, Y puso ley en Israel, La cual mandó a nuestros padres Que la notificasen a sus hijos;

6

Para que lo sepa la generación venidera, y los hijos que nacerán; Y los que se levantarán lo cuenten a sus hijos,

7

A fin de que pongan en Dios su confianza, Y no se olviden de las obras de Dios; Que guarden sus mandamientos,

8

Y no sean como sus padres, Generación contumaz y rebelde; Generación que no dispuso su corazón, Ni fue fiel para con Dios su espíritu.

9

Los hijos de Efraín, armados de arcos, Volvieron las espaldas el día de la batalla.

10

No guardaron el pacto de Dios, Ni quisieron andar en su ley;

11

Y se olvidaron de sus obras, Y de sus maravillas que les había mostrado.

12

Delante de sus padres había hecho maravillas, En la tierra de Egipto, en el campo de Zoán.

13

Dividió el mar, y los hizo pasar; Detuvo las aguas como en un montón.

14

Los guió de día con nube, Y toda la noche con resplandor de fuego.

15

Hendió las peñas en el desierto, Y les dio a beber como de un gran abismo.

16

Sacó de la peña arroyos, E hizo descender aguas como ríos.

17

Pero ellos aún volvieron a pecar contra él, Enojando al Altísimo en el desierto.

18

Y tentaron a Dios en su corazón, Pidiendo comida a su gusto.

19

Hablaron contra Dios, Diciendo: ¿Podrá Dios poner mesa en el desierto?

20

He aquí, hirió la peña, y corrieron aguas, Y brotaron arroyos; ¿Podrá también dar pan? ¿Dispondrá carne para su pueblo?

21

Por tanto, oyó Jehová, y se airó; Y fuego se encendió contra Jacob, Y también la ira subió contra Israel;

22

Porque no creyeron en Dios, Ni confiaron en su salvación.

23

Y mandó a las nubes de arriba, Y abrió las puertas de los cielos,

24

E hizo llover sobre ellos maná para que comiesen, Y les dio trigo de los cielos.

25

Pan de nobles comió el hombre; Les envió comida hasta saciarlos.

26

Hizo soplar el viento solano en los cielos, Y trajo con su poder el viento del sur;

27

E hizo llover sobre ellos carne como polvo, Y aves aladas como arena del mar;

28

Las hizo caer en medio de su campamento, Alrededor de sus habitaciones.

29

Comieron, y se saciaron en gran manera, Pues les dio lo que deseaban.

30

No se apartaron de lo que deseaban, Aun estando su comida entre ellos,

31

La ira de Dios vino sobre ellos, Y mató a los más robustos, Y a los escogidos de Israel derribó.

32

Con todo esto, volvieron a pecar, Y no creyeron a sus maravillas.

33

Por tanto, él consumió en vanidad los días de ellos, Y sus años en tribulación.

34

Cuando él los mataba, entonces le buscaban; Se volvían, y madrugaban para buscar a Dios.

35

Y se acordaban de que Dios era su refugio, Y el Altísimo Dios su redentor.

36

Mas ellos le lisonjeaban con su boca, Y con su lengua le mentían;

37

Pues su corazón no era recto con él, Ni eran fieles en su pacto.

38

Mas él, misericordioso, perdonaba la maldad, y no los destruía; Sí, muchas veces reprimió su enojo, Y no despertó todo su furor.

39

Acordóse de que ellos eran carne; Soplo que va y no vuelve.

40

¡Cuántas veces lo enojaron en el desierto, Y le irritaron en la soledad!

41

Volvían, y tentaban a Dios, Y al Santo de Israel provocaban.

42

No se acordaron de su mano, Del día cuando los redimió del enemigo;

43

De cuando hizo en Egipto sus señales, Y sus milagros en el campo de Zoán;

44

Y convirtió en sangre sus ríos, Y sus arroyos, para que no pudiesen beber;

45

Envió entre ellos enjambres de moscas que los devorasen, Y ranas que los destruyesen;

46

Dio también a la oruga sus frutos, Y sus labores a la langosta;

47

Destruyó sus viñas con granizo, Y sus sicómoros con tempestades;

48

Entregó también al granizo sus bestias, Y sus ganados a los rayos;

49

Envió sobre ellos el ardor de su ira, Enojo e indignación y angustia, Un ejército de ángeles destructores.

50

Allanó la senda de su furor; No libró sus almas de la muerte, Sino que entregó su vida a la mortandad;

51

Hirió de muerte a todo primogénito en Egipto, Las primicias de la fuerza en las tiendas de Cam.

52

Mas hizo salir a su pueblo como ovejas, Y los llevó como rebaño por el desierto.

53

Los guió con seguridad, y no tuvieron miedo; Pero el mar cubrió a sus enemigos.

54

Los trajo hasta su santo término, A este monte que su diestra adquirió.

55

Echó de delante de ellos las naciones, Y les hizo repartir por medida la tierra de heredad, E hizo habitar en sus moradas a las tribus de Israel.

56

Mas ellos tentaron y enojaron al Dios Altísimo, Y no guardaron sus testimonios;

57

Sino que se volvieron, y fueron desleales como sus padres; Se pervirtieron como arco engañoso.

58

Le enojaron con sus lugares altos, Y le provocaron a ira con sus imágenes de talla.

59

Dios lo oyó, y se airó, Y aborreció en gran manera a Israel.

60

Desamparó, por tanto, el tabernáculo de Silo, La tienda en que habitaba entre los hombres;

61

Y entregó su poder en cautiverio, Y su gloria en mano del enemigo.

62

Entregó también su pueblo a la espada, Y se airó contra su heredad.

63

El fuego consumió a sus jóvenes, Y sus vírgenes no fueron loadas en cantos nupciales.

64

Sus sacerdotes cayeron a espada, Y sus viudas no hicieron lamentación.

65

Despertó entonces el Señor como un dormido, Como un valiente que grita a causa del vino.

66

Hirió a sus enemigos por detrás, Les dio perpetua afrenta.

67

Desechó además la tienda de José, Y no escogió la tribu de Efraín,

68

Sino que escogió la tribu de Judá, Al monte de Sión que amó.

69

Edificó su santuario como un eminente palacio, Como la tierra que fundó para siempre.

70

Eligió a David su siervo, Y lo tomó de las majadas de las ovejas;

71

De tras las paridas lo trajo, Para que apacentase a Jacob su pueblo, y a Israel su heredad.

72

Y él los apacentó conforme a la integridad de su corazón, Y los pastoreó con la pericia de sus manos.

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