El Libro de los Salmos es canónico en el judaísmo (Ketuvim) y el cristianismo (Antiguo Testamento), con su autoridad confirmada por manuscritos antiguos (Qumrán), el Nuevo Testamento y concilios (Hipona, Cartago). La Iglesia Ortodoxa Etíope Tewahedo, sin embargo, tiene un canon más amplio que incluye el Salmo 151 como parte integrante del Salterio, aceptado como Santa Escritura también por las tradiciones Ortodoxa, Siríaca y Armenia, demostrando la diversidad histórica de los cánones bíblicos.
Salmos
Capítulo 81 — Al músico principal; sobre Gitit. Salmo de Asaf.
Cantad con gozo a Dios, fortaleza nuestra; Al Dios de Jacob aclamad con júbilo.
Entonad canción, y tañed el pandero, El arpa deliciosa y el salterio.
Tocad la trompeta en la nueva luna, En el día señalado, en el día de nuestra fiesta.
Porque estatuto es de Israel, Ordenanza del Dios de Jacob.
Por testimonio en José lo ha constituido, Cuando salió por la tierra de Egipto. Oí lenguaje que no entendía.
Aparté su hombro de debajo de la carga; Sus manos se libraron de los cestos.
Clamaste en la angustia, y te libré; Te respondí en el lugar escondido del trueno; Te probé en las aguas de Meriba. Selah
Oye, pueblo mío, y te testificaré; Israel, si me oyeres,
No habrá en ti dios ajeno, Ni te inclinarás a dios extraño.
Yo soy Jehová tu Dios, Que te saqué de la tierra de Egipto; Abre tu boca, y la llenaré.
Mas mi pueblo no oyó mi voz, E Israel no me quiso a mí.
Los dejé, por tanto, a la dureza de su corazón; Anduvieron en sus propios consejos.
¡Oh, si mi pueblo me oyera, Si Israel anduviera en mis caminos!
En un punto habría yo derribado a sus enemigos, Y vuelto mi mano contra sus adversarios.
Los que aborrecen a Jehová se le habrían sometido, Y el tiempo de ellos sería para siempre.
Lo hubiera Dios mantenido de lo mejor del trigo, Y con miel de la peña te hubiera saciado.