El Libro de los Salmos es canónico en el judaísmo (Ketuvim) y el cristianismo (Antiguo Testamento), con su autoridad confirmada por manuscritos antiguos (Qumrán), el Nuevo Testamento y concilios (Hipona, Cartago). La Iglesia Ortodoxa Etíope Tewahedo, sin embargo, tiene un canon más amplio que incluye el Salmo 151 como parte integrante del Salterio, aceptado como Santa Escritura también por las tradiciones Ortodoxa, Siríaca y Armenia, demostrando la diversidad histórica de los cánones bíblicos.
Salmos
Capítulo 83 — Cántico; salmo de Asaf.
Oh Dios, no guardes silencio; No te calles, oh Dios, ni te estés quieto.
Porque he aquí que braman tus enemigos, Y los que te aborrecen han alzado cabeza.
Contra tu pueblo han consultado astutamente, Y han entrado en consejo contra tus protegidos.
Han dicho: Venid, y destruyámoslos de ser nación, Y no haya más memoria del nombre de Israel.
Porque han conspirado de común acuerdo; Contra ti han hecho pacto,
Las tiendas de Edom y de los ismaelitas, Moab y los agarenos;
Gebal, Amón y Amalec, Los filisteos con los moradores de Tiro;
Asiria también se ha juntado con ellos; Son un brazo para los hijos de Lot. Selah
Hazles como a Madián; Como a Sísara, como a Jabín en el arroyo de Cisón;
Los cuales perecieron en Endor, Fueron hechos como estiércol para la tierra.
Haz a sus nobles como a Oreb y a Zeeb; Y como a Zeba y Zalmuna a todos sus príncipes;
Porque han dicho: Heredemos para nosotros Las moradas de Dios.
Dios mío, ponlos como a torbellino, Como a hojarasca delante del viento.
Como el fuego que quema los montes, Así persíguelos con tu tempestad, Y atérralos con tu tormenta.
Llena sus rostros de vergüenza, Y busquen, oh Jehová, tu nombre.
Sean avergonzados y turbados para siempre; Sean confundidos y perezcan.
Y conozcan que tu nombre es Jehová; Tú solo Altísimo sobre toda la tierra.