En el Canon Etíope Tewahedo Ortodoxo, los capítulos 25 a 31 del libro de Proverbios se separan como un libro independiente llamado 'Täagsas' (ጠግሳስ). Esta sección es conocida como 'Los Proverbios de Salomón que copiaron los varones de Ezequías, rey de Judá'. Los cánones occidentales (protestante y católico) no separan estos capítulos como un libro distinto, manteniéndolos dentro del libro único de Proverbios.
Täagsas (Proverbios 25–31)
Capítulo 3
No te jactes del día de mañana; Porque no sabes qué dará de sí el día.
Alábete el extraño, y no tu propia boca; El extranjero, y no tus labios.
Pesada es la piedra, y la arena pesa; Mas la ira del necio es más pesada que ambas.
Cruel es la ira, e impetuoso el furor; ¿Mas quién podrá sostenerse delante de la envidia?
Mejor es reprensión manifiesta Que amor oculto.
Fieles son las heridas del que ama; Pero importunos los besos del que aborrece.
El alma harta huella el panal de miel; Mas al alma hambrienta todo lo amargo es dulce.
Cual ave que vaga de su nido, Tal es el hombre que vaga de su lugar.
El ungüento y el perfume alegran el corazón, Y el cordial consejo del amigo alegra al hombre.
No dejes a tu amigo, ni al amigo de tu padre; Ni vayas a casa de tu hermano el día de tu aflicción. Mejor es el vecino cercano que el hermano lejano.
Sé sabio, hijo mío, y alegra mi corazón, Y tendré qué responder al que me agravia.
El avisado ve el mal y se esconde; Mas los simples pasan y reciben el daño.
Quita su ropa al que salió por fiador de extraño, Y toma prenda del que sale por fiador de la extraña.
El que bendice a su amigo en alta voz, madrugando de mañana, Por maldición se le contará.
Goteo continuo en día de lluvia Y la mujer rencillosa son semejantes;
Pretender contenerla es contener el viento, O sujetar el aceite en la mano derecha.
Hierro con hierro se aguza; Y así el hombre aguza el rostro de su amigo.
El que guarda la higuera comerá su fruto, Y el que cuida a su señor será honrado.
Como el agua refleja el rostro, Así el corazón del hombre refleja al hombre.
El Seol y el Abadón nunca se sacian; Así los ojos del hombre nunca se sacian.
El crisol para la plata, y la hornaza para el oro, Y el hombre es probado por la alabanza que le dan.
Por más que machaques al necio en un mortero entre granos de trigo majados, No se apartará de él su necedad.
Sé diligente en conocer el estado de tus ovejas, Y mira con cuidado por tus rebaños;
Porque las riquezas no durán para siempre, ¿Y será la corona para perpetuas generaciones?
Aparece la hierba, y se manifiestan los pastos, Y se recogen las hierbas de los montes.
Los corderos para tus vestidos, Y los cabritos para el precio del campo;
Y la leche de las cabras para tu alimento, y para mantenimiento de tu casa, Y para sustento de tus criadas.