En el Canon Estrecho de la Iglesia Ortodoxa Etíope, la Sabiduría de Salomón es un libro canónico incuestionable, enumerado entre los cinco 'Libros de Salomón', junto a Proverbios (dividido en Messale y Täagsas), Eclesiastés y el Cantar de los Cantares. En las tradiciones Católica y Ortodoxa Oriental, se considera deuterocanónico, mientras que en el Protestantismo se clasifica como apócrifo.
Sabiduría de Salomón
Capítulo 13
Insensatos por naturaleza todos los hombres que han vivido en la ignorancia de Dios; los que, a partir de los bienes visibles, no han sido capaces de conocer al que es, ni, considerando las obras, han reconocido al Artífice.
Fuego, viento, aire sutil, bóveda estrellada, agua impetuosa, lumbreras del cielo, fueron los que ellos tuvieron por dioses, señores del mundo.
Si, cautivados por su hermosura, los tuvieron por dioses, sepan cuánto más poderoso que ellos es el Señor, porque él es la fuente de la belleza, él los creó.
Si los admiran por su fuerza y actividad, comprendan, por la grandeza y hermosura de las criaturas, al Autor de todas ellas.
No se les puede culpar del todo, pues quizá se equivocan buscando a Dios, queriendo encontrarle;
viviendo entre sus obras, las contemplan atentamente, y se dejan seducir por su apariencia, porque es muy hermoso lo que ven.
Pero tampoco ellos son excusables.
Si fueron capaces de penetrar hasta el punto de investigar el universo, ¿cómo no encontraron antes a su Señor?
Infelices, sus esperanzas reposan sobre cosas muertas. A los que llaman dioses no son más que obras de la mano del hombre: oro y plata trabajados artísticamente, imitaciones de animales, o una piedra inútil, obra de una mano antigua.
Si un hábil leñador corta un árbol fácil de manejar, quita hábilmente toda la corteza, y, trabajándolo con destreza, fabrica un utensilio de cualquier utilidad;
con los desperdicios de su trabajo prepara su comida y come a satisfacción;
pero con los restos, que no sirven para nada, una madera nudosa, la toma y la trabaja con todo esmero, la talla según su inteligencia, y le da forma de imagen humana,
o la hace semejante a un vil animal; la pinta de rojo, la enrojece con bermellón, disimula sus imperfecciones,
luego le dispone un aposento digno de ella, y la fija en la pared con un clavo de hierro;
así procura que no se caiga, sabiendo que no puede valerse por sí misma, porque no es más que una imagen y tiene necesidad de ayuda.
Y, cuando ruega por sus bienes, por su casamiento y por sus hijos, no se avergüenza de hablar a ese objeto inanimado.
Pide salud a un ser débil, vida a un muerto, auxilio a un ser totalmente inexperto, un viaje próspero a quien ni siquiera puede mover los pies,
ganancias con sus trabajos y éxito en sus empresas a quien no tiene ninguna fuerza.