En el Canon Estrecho de la Iglesia Ortodoxa Etíope, la Sabiduría de Salomón es un libro canónico incuestionable, enumerado entre los cinco 'Libros de Salomón', junto a Proverbios (dividido en Messale y Täagsas), Eclesiastés y el Cantar de los Cantares. En las tradiciones Católica y Ortodoxa Oriental, se considera deuterocanónico, mientras que en el Protestantismo se clasifica como apócrifo.
Sabiduría de Salomón
Capítulo 7 — El Rey es Como los Demás Mortales
Yo también soy hombre mortal, como todos, descendiente del que primero fue formado de la tierra; en el seno de una madre fui plasmado como carne,
en el espacio de diez meses, coagulado en sangre, con simiente de varón y deleite del sueño.
Al nacer, aspiré el aire común y caí sobre la misma tierra, prorrumpiendo en llanto, como todos;
fui criado en pañales, entre cuidados.
Ningún rey ha tenido otro comienzo de existencia;
para todos hay una misma entrada en la vida, y una misma salida.
Por eso oré, y me fue dada la prudencia; invoqué, y vino a mí el espíritu de Sabiduría.
La antepuse a cetros y tronos, y en comparación con ella tuve la riqueza por nada;
no la igualé con la piedra más preciosa, porque al lado de ella todo el oro es un poco de arena, y la plata, barro en su presencia.
La amé más que la salud y la hermosura, la preferí a la luz misma, porque es inextinguible el resplandor que de ella dimana.
Con ella me vinieron juntamente todos los bienes; incalculables riquezas hay en sus manos.
Me regocijé por todos ellos, porque esta Sabiduría los preside, sin advertir que ella es su madre.
La he aprendido sin engaño, la comunico sin envidia, no escondo sus riquezas,
porque es para los hombres un tesoro inagotable; los que la adquieren se granjean la amistad de Dios, recomendados por los dones de la instrucción.
Dios me ha concedido expresarme según mi pensamiento, tener ideas dignas de sus dones, porque él es guía de la sabiduría y dirección de los sabios;
porque en su mano estamos, nosotros y nuestras palabras, toda la prudencia y toda la destreza en las obras.
Él me ha dado el conocimiento verdadero de cuanto existe, para conocer la constitución del mundo y la actividad de los elementos;
el principio, el fin y el medio de los tiempos, las alternativas de los solsticios y las vicisitudes de las estaciones;
el ciclo del año y las posiciones de los astros;
la naturaleza de los animales y los instintos de las fieras, los poderes de los espíritus y las reflexiones de los hombres, las variedades de las plantas y las virtudes de las raíces.
Conozco todo lo que está escondido y manifiesto, porque la Sabiduría, artífice de todo, me instruyó.
Pues en ella hay un espíritu inteligente, santo, único, múltiple, sutil, ágil, penetrante, sin mancha, sin doblez, benigno, amigo del bien, perspicaz, sin obstáculo, bienhechor,
amigo de los hombres, firme, seguro, sin inquietud, que todo lo puede, todo lo ve, y penetra todos los espíritus, por más inteligentes, puros, sutiles que sean.
Porque la Sabiduría es más ágil que cualquier movimiento, y por su pureza, lo atraviesa y lo penetra todo.
Es una emanación de la potencia de Dios, una efusión pura de la gloria del Todopoderoso; por eso nada manchado puede infiltrarse en ella.
Es el resplandor de la luz eterna, el espejo sin mancha de la actividad de Dios, la imagen de su bondad.
Ella, que es una sola, puede todo; permaneciendo en sí misma, renueva todas las cosas; a través de las edades, entrando en las almas santas, las hace amigos de Dios y profetas.
Porque Dios no ama más que al que convive con la Sabiduría.
Ella es más bella que el sol y supera a cualquier constelación de estrellas; comparada con la luz, resulta superior,
porque a la luz la sucede la noche, mientras que a la Sabiduría no la vence la malicia.