En el Canon Estrecho de la Iglesia Ortodoxa Etíope, la Sabiduría de Salomón es un libro canónico incuestionable, enumerado entre los cinco 'Libros de Salomón', junto a Proverbios (dividido en Messale y Täagsas), Eclesiastés y el Cantar de los Cantares. En las tradiciones Católica y Ortodoxa Oriental, se considera deuterocanónico, mientras que en el Protestantismo se clasifica como apócrifo.
Sabiduría de Salomón
Capítulo 8
Se extiende con vigor de un confín a otro del universo, y con bondad lo gobierna todo.
A ésta amé y busqué desde mi juventud, pretendí tomarla por esposa y me enamoré de su hermosura.
Proclama su nobleza: con Dios vive, y el Señor del universo la ama;
pues está iniciada en la ciencia de Dios y es quien elige sus obras.
Si la riqueza es un bien deseable en la vida, ¿qué es más rico que la Sabiduría, que lo produce todo?
Si la prudencia obra, ¿quién más que ella es artífice?
Si alguien ama la justicia, las virtudes son el fruto de su trabajo: ella enseña la templanza y la prudencia, la justicia y la fortaleza, bienes de que no hay otro más útil en la vida para los hombres.
Si alguien ansía mucha ciencia, ella sabe las cosas pasadas y conjetura las futuras; conoce los giros de las frases y la solución de los enigmas; sabe de antemano los prodigios y las señales, las vicisitudes de los tiempos y las épocas.
Decidí, pues, tomarla por compañera de vida, sabiendo que sería mi consejera en la prosperidad y mi consuelo en las preocupaciones y la tristeza.
Por ella adquiriré gloria entre las muchedumbres y honor ante los ancianos, aunque soy joven;
descubriré la sagacidad en el juicio, y los poderosos me admirarán.
Cuando calle, me aguardarán; cuando hable, me escucharán; si alargo mi discurso, se pondrán la mano en la boca.
Por ella alcanzaré la inmortalidad, y dejaré un recuerdo eterno a los que me sucedan.
Gobernaré pueblos, y naciones se me someterán.
Los temibles tiranos, al oírme, se amedrentarán: entre el pueblo me mostraré bueno, en la guerra, valiente.
Al entrar en mi casa, junto a ella me recrearé, pues su trato no tiene amargura, ni disgusto su convivencia, sino gozo y alegría.
Con estas reflexiones, considerando en mi corazón que la inmortalidad está en la alianza con ella,
que en su amistad hay un puro deleite, en las obras de sus manos una riqueza inagotable, en su compañía una inteligencia eficaz, y una gran gloria en la comunicación de sus palabras, me puse a recorrer el mundo entero en busca de cómo conseguirla.
Era yo un niño de natural agraciado, y tuve la suerte de una buena alma;
o mejor, siendo bueno, entré en un cuerpo sin mancilla.
Pero, al comprender que no podría poseerla más que como don de Dios (y era también una prueba de inteligencia saber quién me la concedía), me dirigí al Señor y le supliqué, diciendo de todo corazón: