En el Canon Estrecho de la Iglesia Ortodoxa Etíope, la Sabiduría de Salomón es un libro canónico incuestionable, enumerado entre los cinco 'Libros de Salomón', junto a Proverbios (dividido en Messale y Täagsas), Eclesiastés y el Cantar de los Cantares. En las tradiciones Católica y Ortodoxa Oriental, se considera deuterocanónico, mientras que en el Protestantismo se clasifica como apócrifo.
Sabiduría de Salomón
Capítulo 9 — Oración de Salomón por la Sabiduría
«Dios de mis padres, Señor de misericordia, que todo lo hiciste con tu palabra,
y con tu sabiduría formaste al hombre para que dominara sobre las criaturas por ti hechas,
y gobernara el mundo con santidad y justicia, y con rectitud de alma administrara la justicia;
concédeme la sabiduría que comparte tu trono, y no me excluyas de la compañía de tus hijos;
porque yo soy tu siervo, hijo de tu esclava, hombre débil y de corta vida, inepto para comprender la justicia y las leyes.
Pues aun el más perfecto de los hombres, si le falta la sabiduría que de ti procede, no vale nada.
Tú me elegiste como rey de tu pueblo, como juez de tus hijos e hijas,
y me mandaste edificar un templo en tu monte santo, y un altar en la ciudad de tu residencia, a imitación de tu santa morada, que preparaste desde el principio.
Contigo está la sabiduría, que conoce tus obras, que estuvo presente cuando hiciste el mundo, y que sabe lo que es agradable a tus ojos y lo conforme a tus mandamientos.
Despáchala desde los santos cielos; mándala desde tu trono glorioso, para que me asista en mis trabajos y yo conozca lo que te agrada.
Porque ella todo lo sabe y lo entiende, y me guiará prudentemente en mis empresas, protegiéndome con su gloria.
Así serán aceptables mis obras, gobernaré a tu pueblo con justicia y seré digno del trono de mi padre.
Pues, ¿qué hombre puede conocer el designio de Dios? ¿quién puede discurrir lo que Dios quiere?
Los razonamientos de los mortales son tímidos, y inseguras nuestras reflexiones;
porque la carne corruptible abruma el alma, y esta tienda de barro agobia la mente cargada de cuidados.
Difícilmente conjeturamos lo que hay en la tierra, y aun lo que está a nuestra mano, lo hallamos con esfuerzo; mas ¿quién ha rastreado lo que está en los cielos?
Tu designio, ¿quién lo conocería, si tú no dieses la sabiduría y no enviases tu santo espíritu desde lo alto?
Así se allanaron las sendas de los de la tierra; aprendieron los hombres lo que te agrada; por la sabiduría se salvaron.»