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El libro de Eclesiastés (Cohélet) es parte de los libros sapienciales del Antiguo Testamento. Su canonicidad es aceptada por todas las tradiciones cristianas y judías, aunque en el judaísmo se debatió su inclusión debido a su tono escéptico.

Eclesiastés

Capítulo 10

1

Las moscas muertas hacen apestar y fermentar el ungüento del perfumista; más peso tiene la necedad que la sabiduría y la gloria.

2

El corazón del sabio está a su derecha; mas el corazón del necio a su izquierda.

3

Y aun en el camino el necio, a falta de seso, a todo el mundo llama necio.

4

Si el furor del gobernante se levantara contra ti, no dejes tu puesto, pues la suavidad evita grandes ofensas.

5

Hay un mal que he visto bajo el sol, como si un error saliera de la presencia del soberano:

6

el necio puesto en grandes alturas, mientras los ricos se sientan en puestos bajos.

7

He visto siervos a caballo y príncipes caminando como siervos por tierra.

8

El que cava una fosa caerá en ella, y al que abre una brecha, lo morderá la serpiente.

9

El que transporta piedras se lastimará con ellas; el que parte leños se pondrá en peligro.

10

Si el hierro está embotado y no se le saca filo, habrá que apretar más; la sabiduría consiste en tener éxito.

11

Si la serpiente muerde antes de ser encantada, de nada le sirve al encantador.

12

Las palabras de la boca del sabio son gracia, mas los labios del necio lo tragan a él.

13

El principio de las palabras de su boca es necedad, y el fin de su boca es pésimo desvarío.

14

El necio multiplica palabras. No sabe el hombre lo que va a suceder; ¿quién le anunciará lo que ha de suceder después de él?

15

Las fatigas del necio lo agotan, porque no sabe ir a la ciudad.

16

¡Ay de ti, tierra, cuando tu rey es un muchacho y tus príncipes banquetean por la mañana!

17

Dichosa tú, tierra, cuando tu rey es de noble alcurnia y tus príncipes comen a su hora, para recobrar fuerzas y no para embriagarse.

18

Por la pereza se hunde el techo y por la dejadez de manos llueve en casa.

19

Para el banquete se hace el vino, el dinero resuelve todo; pero la sabiduría es mejor que el dinero.

20

Ni aun en tu pensamiento maldigas al rey, ni en tu alcoba maldigas al rico, porque las aves del cielo se encargarían de la voz, y los seres alados divulgarían la palabra.

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