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El libro de Eclesiastés (Cohélet) es parte de los libros sapienciales del Antiguo Testamento. Su canonicidad es aceptada por todas las tradiciones cristianas y judías, aunque en el judaísmo se debatió su inclusión debido a su tono escéptico.

Eclesiastés

Capítulo 11

1

Echa tu pan sobre las aguas, que después de muchos días lo encontrarás.

2

Reparte tu parte a siete y aun a ocho, porque no sabes el mal que puede venir sobre la tierra.

3

Si las nubes están llenas, derramarán la lluvia sobre la tierra; caiga el árbol al sur o al norte, allí se quedará.

4

Quien mira al viento no siembra; quien mira a las nubes no siega.

5

Como no sabes por dónde va el viento, ni cómo se forman los huesos en el vientre de la encinta, así ignoras la obra de Dios, que hace todas las cosas.

6

Por la mañana siembra tu simiente y a la tarde no dejes descansar tu mano, porque no sabes cuál tendrá éxito, si ésta o aquélla, o si ambas serán igualmente buenas.

7

Dulce es la luz y bueno para los ojos ver el sol;

8

porque si un hombre vive muchos años, que en todos ellos se alegre, y se acuerde de los días de tinieblas, que serán muchos: todo lo que viene es vanidad.

9

Alégrate, joven, en tu juventud, que tu corazón goce de la alegría en tus años mozos; sigue los impulsos de tu corazón y los deseos de tus ojos, pero sabe que por todo ello te juzgará Dios.

10

Aparta de tu corazón la pena, aleja de tu carne el dolor, pues la juventud y la primavera son vanidad.

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