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El libro de Eclesiastés (Cohélet) es parte de los libros sapienciales del Antiguo Testamento. Su canonicidad es aceptada por todas las tradiciones cristianas y judías, aunque en el judaísmo se debatió su inclusión debido a su tono escéptico.

Eclesiastés

Capítulo 2

1

Dije yo en mi corazón: «Vamos, te probaré con la alegría; goza de bienes.» Pero esto también es vanidad.

2

De la risa dije: «Estás loca»; de la alegría: «¿De qué sirve?»

3

Medité en mi corazón entregar mi carne al vino, mientras mi corazón me guiaba con sabiduría, y entregarme a la necedad, hasta ver dónde está el bien de los humanos, lo que hacen bajo el cielo durante el número de los días de su vida.

4

Engrandecí mis obras: me edifiqué casas, me planté viñas,

5

me hice huertos y jardines, y planté en ellos árboles de toda fruta;

6

me construí estanques para regar el bosque donde crecían los árboles.

7

Compré siervos y siervas, tuve siervos nacidos en casa; también tuve ganado mayor y menor en abundancia, más que todos mis antecesores en Jerusalén.

8

Amontoné también plata y oro, tesoros de reyes y provincias; conseguí cantores y cantoras, y las delicias de los humanos: una amante y amantes.

9

Vine a ser más grande y poderoso que todos mis antecesores en Jerusalén, y además la sabiduría moraba en mí.

10

No negué a mis ojos nada de lo que pidieron, no privé a mi corazón de alegría alguna, pues mi corazón se complacía en todo mi trabajo; ésta fue la recompensa de todo mi trabajo.

11

Al revisar todo lo que habían hecho mis manos y el trabajo que me había costado hacerlo, vi que todo era vanidad y atrapar vientos, y que ninguna ventaja se saca bajo el sol.

12

Volví entonces a mirar la sabiduría, la locura y la necedad. Pues ¿qué hombre puede seguir al rey en lo que ya otros hicieron?

13

Y vi que la sabiduría tiene más provecho que la necedad, como la luz tiene más provecho que las tinieblas:

14

El sabio tiene sus ojos en la cabeza, pero el necio camina en tinieblas. Pero también conocí que una misma suerte les aguarda a ambos.

15

Y dije en mi corazón: «Si la suerte del necio me ha de caber también a mí, ¿para qué me sirvió el ser más sabio?» Y dije en mi corazón que esto también es vanidad.

16

Pues no hay recuerdo del sabio por siempre, como tampoco del necio, pues en los días venideros, todo se olvida. Y ¡cómo muere el sabio al igual que el necio!

17

Llegué a odiar la vida, porque me pareció malo cuanto se hace bajo el sol; todo es vanidad y atrapar vientos.

18

Llegué a odiar todo mi trabajo con que me afanaba bajo el sol, porque he de dejárselo al que me sucederá.

19

¿Y quién sabe si será sabio o necio? Y será el dueño de todo mi trabajo que realicé con sabiduría bajo el sol. También esto es vanidad.

20

Dióme por volver mi corazón a desesperar de todo el trabajo con que me había afanado bajo el sol.

21

Porque un hombre que ha trabajado con sabiduría, ciencia y éxito, ha de dejar su porción a otro que no ha trabajado en ello. También esto es vanidad y gran mal.

22

Pues ¿qué saca el hombre de todo su trabajo y de la fatiga de su corazón, de sus afanes bajo el sol?

23

Todos sus días son dolores, su trabajo es una pena, aun de noche su corazón no descansa. ¡También esto es vanidad!

24

No hay nada mejor para el hombre que comer, beber y disfrutar de su trabajo. Y he visto que esto también procede de la mano de Dios;

25

pues ¿quién puede comer y gozar si no es con él?

26

Porque al que le agrada da sabiduría, ciencia y gozo; pero al pecador le da la tarea de recoger y atesorar, para darlo luego al que agrada a Dios. También esto es vanidad y atrapar vientos.

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