El libro de Eclesiastés (Cohélet) es parte de los libros sapienciales del Antiguo Testamento. Su canonicidad es aceptada por todas las tradiciones cristianas y judías, aunque en el judaísmo se debatió su inclusión debido a su tono escéptico.
Eclesiastés
Capítulo 3
Todo tiene su momento, y cada cosa su tiempo bajo el cielo:
tiempo de nacer y tiempo de morir; tiempo de plantar y tiempo de arrancar lo plantado;
tiempo de matar y tiempo de curar; tiempo de derribar y tiempo de edificar;
tiempo de llorar y tiempo de reír; tiempo de lamentarse y tiempo de danzar;
tiempo de arrojar piedras y tiempo de recoger piedras; tiempo de abrazar y tiempo de separarse;
tiempo de buscar y tiempo de perder; tiempo de guardar y tiempo de tirar;
tiempo de rasgar y tiempo de coser; tiempo de callar y tiempo de hablar;
tiempo de amar y tiempo de odiar; tiempo de guerra y tiempo de paz.
¿Qué saca el trabajador de su fatiga?
He visto la tarea que Dios ha dado a los humanos para que se ocupen en ella.
El lo ha hecho todo hermoso a su tiempo; también ha puesto la eternidad en sus corazones, sin que alcance el hombre a comprender la obra que Dios ha hecho de principio a fin.
He conocido que no hay para ellos nada mejor que alegrarse y gozar en la vida.
Y que el que coma, beba y disfrute de su trabajo, es un don de Dios.
He reconocido que cuanto Dios hace será eterno: no se puede añadir ni quitar nada. Y Dios lo ha hecho así para que sea temido.
Lo que fue, ya es; lo que será, ya fue; y Dios busca a lo que pasó.
Vi también bajo el sol: en el lugar del juicio, la impiedad; en el lugar de la justicia, la impiedad.
Dije en mi corazón: Al justo y al impío los juzgará Dios, porque allí hay un tiempo para cada cosa y para cada obra.
Dije en mi corazón en cuanto a los humanos: Dios los pone a prueba para que vean que ellos mismos son como bestias.
Pues la suerte de los humanos y la suerte de las bestias es la misma: como mueren éstas, mueren aquéllos, y un mismo aliento tienen todos, y no tiene el hombre ventaja sobre la bestia, pues todo es vanidad.
Todo va a un mismo lugar; todo fue hecho del polvo, y todo vuelve al polvo.
¿Quién sabe si el aliento del hombre sube hacia lo alto y si el aliento de la bestia baja a lo profundo de la tierra?
Y he visto que nada hay mejor para el hombre que alegrarse en sus obras, porque ésa es su suerte. Pues ¿quién le traerá a ver lo que ha de venir después de él?