El libro de Eclesiastés (Cohélet) es parte de los libros sapienciales del Antiguo Testamento. Su canonicidad es aceptada por todas las tradiciones cristianas y judías, aunque en el judaísmo se debatió su inclusión debido a su tono escéptico.
Eclesiastés
Capítulo 5
Cuida tus pasos cuando vayas a la Casa de Dios; acércate para oír, más que para ofrecer el sacrificio de los necios, que no saben que obran mal.
No te precipites con tu boca, ni tu corazón se apresure a proferir palabra delante de Dios; que Dios está en el cielo y tú sobre la tierra. Por eso, sean pocas tus palabras.
Porque de mucha ocupación vienen los sueños, y de muchas palabras, la voz del necio.
Si haces voto a Dios, no tardes en cumplirlo, porque no le agradan los necios; cumple el voto que hiciste.
Más te vale no hacer voto, que hacerlo y no cumplirlo.
No permitas que tu boca lleve a tu carne al pecado, ni digas delante del ángel: «Ha sido un error.» ¿Por qué te ha de airar Dios contra tus palabras y destruir la obra de tus manos?
Porque en la multitud de sueños hay vanidad y muchas palabras; tú, en cambio, teme a Dios.
Si ves en una provincia la opresión del pobre y el atropello de la justicia y del derecho, no te asombres de ello, porque detrás de un alto hay otro más alto, y otros más altos que ellos.
La tierra, en todos sus aspectos, está al servicio del campesino, y hasta el rey está sometido a él.
El que ama el dinero, no se sacia de dinero, y el que ama la riqueza, no saca provecho. También esto es vanidad.
Cuando abundan los bienes, abundan los que los comen; ¿y qué ventaja saca su dueño, sino verlos con sus ojos?
Dulce es el sueño del trabajador, haya comido poco o mucho; pero la hartura del rico no le deja dormir.
Hay un grave mal que he visto bajo el sol: las riquezas atesoradas por su dueño para su daño.
Si éste pierde esas riquezas por algún negocio desgraciado, un hijo se encontrará con las manos vacías.
Como salió del vientre de su madre, desnudo volverá a marcharse, tal como vino; nada se llevará de su trabajo.
¡Grave mal es éste: irse como vino! ¿Pues qué saca con haber trabajado para el viento?
Demás está que coma todas sus vidas en tinieblas, entre muchas penas, dolores y enfados.
He aquí lo que he visto que es bueno y hermoso: comer y beber y gozar del bien con todo el trabajo con que se afana el hombre bajo el sol todos los días de su vida que Dios le da, porque ésa es su recompensa.
Y a todo hombre a quien Dios da riquezas y bienes, y le da también poder para comer de ellos y tomar su recompensa y gozar de su trabajo, eso es un don de Dios;
pues entonces no le preocupan mucho los días de su vida, porque Dios le ocupa en el gozo de su corazón.