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El libro de Eclesiastés (Cohélet) es parte de los libros sapienciales del Antiguo Testamento. Su canonicidad es aceptada por todas las tradiciones cristianas y judías, aunque en el judaísmo se debatió su inclusión debido a su tono escéptico.

Eclesiastés

Capítulo 7

1

Más vale la buena fama que el buen ungüento, y el día de la muerte que el día del nacimiento.

2

Más vale ir a la casa del luto que ir a la casa del banquete, pues aquélla es el fin de todo hombre y el vivo tome en su corazón.

3

Más vale la tristeza que la risa, porque con un semblante triste se alegra el corazón.

4

El corazón del sabio está en la casa del luto, y el corazón del necio en la casa del placer.

5

Más vale oír la reprensión del sabio, que escuchar la canción del necio.

6

Pues la risa del necio es como el crujir de espinas bajo la olla. También esto es vanidad.

7

Ciertamente la opresión hace perder el seso al sabio, y el soborno corrompe el corazón.

8

Mejor es el fin de una cosa que su comienzo; mejor es el sufrido que el arrogante.

9

No te apresures en tu espíritu a irritarte, pues la ira anida en el seno de los necios.

10

No digas: «¿Cómo es que los días de antes fueron mejores que éstos?», pues no es por sabiduría que preguntas eso.

11

Buena es la sabiduría heredada, y provechosa para los que ven el sol.

12

Porque bajo la sombra de la sabiduría uno está como bajo la sombra del dinero; pero la ventaja de la ciencia es que la sabiduría da vida a su dueño.

13

Mira la obra de Dios: ¿quién podrá enderezar lo que él torció?

14

El día de prosperidad, goza del bien; pero en el día de la adversidad, mira: que Dios ha hecho tanto el uno como el otro, a fin de que el hombre no descubra nada después de él.

15

Todo esto he visto en los días de mi vanidad: el justo perece en su justicia, y el impío vive largo tiempo en su maldad.

16

No seas demasiado justo, ni te muestres demasiado sabio; ¿por qué habrías de anonadarte?

17

No seas demasiado impío, ni seas necio; ¿por qué habrías de morir antes de tu tiempo?

18

Es bueno que te asas de esto, y tampoco apartes tu mano de lo otro, pues quien teme a Dios sale airoso de todo.

19

La sabiduría da más fuerza al sabio que diez poderosos que haya en la ciudad.

20

No hay hombre justo sobre la tierra que obre el bien y nunca peque.

21

No hagas caso tampoco de todas las cosas que se dicen, no sea que oigas a tu siervo maldecirte.

22

Porque sabe muy bien tu corazón que tú también has maldecido muchas veces a otros.

23

Todo esto lo he probado con sabiduría, diciendo: «Seré sabio»; pero la sabiduría estaba lejos de mí.

24

Lejano es todo cuanto existe, profundo, profundísimo. ¿quién lo descubrirá?

25

Me volví con mi corazón para conocer, inquirir y buscar la sabiduría, y la razón de las cosas, y para conocer la maldad de la necedad y la insensatez del desvarío.

26

Encuentro más amarga que la muerte a la mujer: ella es lazo, su corazón una red, sus cadenas son ataduras. El que teme a Dios la evitará, y el pecador será presa de ella.

27

Mira lo que he hallado, dice Cohélet, juntando una cosa con otra para hallar la razón,

28

cosa que mi alma sigue buscando y no encuentra: Un hombre entre mil he encontrado, pero una mujer entre todas ellas no he encontrado.

29

Sólo he hallado esto: que Dios hizo al hombre recto, pero ellos se enredaron en muchas complicaciones.

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