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El libro de Eclesiastés (Cohélet) es parte de los libros sapienciales del Antiguo Testamento. Su canonicidad es aceptada por todas las tradiciones cristianas y judías, aunque en el judaísmo se debatió su inclusión debido a su tono escéptico.

Eclesiastés

Capítulo 8

1

¿Quién es como el sabio, quién sabe interpretar las cosas? La sabiduría del hombre hace brillar su rostro y cambia su semblante adusto.

2

Yo digo: Guarda el mandato del rey, en atención al juramento de Dios.

3

No te apresures a apartarte de él, no te obstines en el mal, porque él puede hacer cuanto quiere.

4

Como la palabra del rey es poderosa, ¿quién le puede decir: «¿Qué haces?»

5

Quien guarda el mandato no experimentará ningún mal; el corazón del sabio conoce el tiempo y el juicio;

6

porque hay tiempo y juicio para toda cosa, y ciertamente grande es la desgracia del hombre.

7

Pues no sabe lo que va a suceder; ¿quién le anunciará cómo ha de suceder?

8

No tiene poder el hombre sobre el viento para retenerlo, ni poder sobre el día de la muerte; no hay licencia para el combate, y la impiedad no salvará a su dueño.

9

Todo esto lo vi, y puse mi atención en todo cuanto se hace bajo el sol, cuando domina el hombre al hombre para su daño.

10

Vi entonces a impíos sepultados que entraban en su reposo, mientras de la ciudad santa se alejaban los que obraban honradamente, y eran olvidados. También esto es vanidad.

11

Por no ejecutarse al punto la sentencia contra el malhechor, el corazón de los humanos se llena de deseos de hacer el mal.

12

Aunque el pecador haga cien veces el mal, y goce larga vida, sin embargo yo sé que les irá bien a los que temen a Dios, porque le temen.

13

Pero al impío no le irá bien, ni prolongará sus días como la sombra, porque no teme a Dios.

14

Otra vanidad ocurre en la tierra: que hay justos que les sucede como si hicieran obras de impíos, e impíos a quienes sucede como si hicieran obras de justos. Digo que también esto es vanidad.

15

Por eso alabo la alegría, porque no hay para el hombre nada mejor bajo el sol que comer, beber y alegrarse, pues esto le acompañará en su trabajo los días de vida que Dios le dé bajo el sol.

16

Cuando he aplicado mi corazón a conocer la sabiduría y a ver la tarea que se hace sobre la tierra, que ni de día ni de noche descansan sus ojos,

17

veo entonces toda la obra de Dios, y que no puede hallar el hombre la explicación de cuanto se hace bajo el sol; por más que se fatigue buscando, no la hallará; y aunque diga el sabio que lo sabe, no podrá encontrarla.

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