El libro de Eclesiastés (Cohélet) es parte de los libros sapienciales del Antiguo Testamento. Su canonicidad es aceptada por todas las tradiciones cristianas y judías, aunque en el judaísmo se debatió su inclusión debido a su tono escéptico.
Eclesiastés
Capítulo 9
A todo esto he dedicado mi corazón y he comprendido que los justos y sabios y sus obras están en manos de Dios, y que ni el amor ni el odio conoce el hombre: todo está delante de él.
Un mismo fin aguarda a todos: al justo y al impío, al bueno y al malo, al puro y al impuro, al que sacrifica y al que no sacrifica. Al bueno como al que peca, al que jura como al que teme el juramento.
Este es el mal que hay en todo lo que se hace bajo el sol: un mismo fin aguarda a todos, y el corazón de los humanos se llena de maldad y delirio en su vida, y al final irán a parar a los muertos.
Pues para el que está entre los vivos hay esperanza; pues más vale perro vivo que león muerto.
Porque los vivos saben que morirán, pero los muertos nada saben; ya no hay recompensa para ellos, porque se borra su memoria.
Su amor y su odio y su envidia perecieron hace tiempo, ni tendrán nunca parte en nada de lo que se hace bajo el sol.
Anda, come con gozo tu pan y bebe con alegre corazón tu vino, porque Dios ya ha aprobado tus obras.
En todo tiempo sean blancas tus vestiduras, y no falte perfume en tu cabeza.
Goza de la vida con la mujer que amas, todos los días de tu vida fugaz, que te ha dado bajo el sol, porque ésta es tu recompensa en la vida, y en el trabajo con que te afanas bajo el sol.
Todo cuanto te viniere a la mano para hacer, hazlo según tus fuerzas, porque en el reino de los muertos, adonde vas, no hay obra, ni razón, ni ciencia, ni sabiduría.
Me he vuelto y he visto bajo el sol que no es de los veloces la carrera, ni de los fuertes la lucha, ni de los sabios el pan, ni de los inteligentes la riqueza, ni de los elocuentes el favor, sino que todo depende del tiempo y la suerte.
Porque no sabe el hombre su hora; como peces cogidos en la red funesta, como pájaros prendidos en el lazo, así se enredan los humanos en el tiempo de la desgracia, cuando inesperadamente les sobreviene.
También he visto este ejemplo de sabiduría bajo el sol, y me ha parecido grande:
Una pequeña ciudad, con pocos hombres; viene contra ella un gran rey, la asedia y levanta contra ella grandes baluartes.
Había en ella un hombre pobre pero sabio, el cual pudo salvar la ciudad con su sabiduría; nadie, sin embargo, se acordó después de aquel pobre.
Entonces me dije: «Más vale la sabiduría que la fuerza, pero la sabiduría del pobre es despreciada y no se escuchan sus palabras.»
Las palabras de los sabios dichas con calma son más atendidas que los gritos del que domina entre necios.
Más vale la sabiduría que las armas de guerra; pero un solo pecador echa a perder muchos bienes.