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El Cantar de los Cantares, también conocido como el Cantar de Salomón o el Cántico de los Cánticos, es aceptado como canónico por todas las grandes tradiciones cristianas y por el judaísmo. El texto en español proporcionado sigue la traducción de la Biblia de Jerusalén, una traducción católica publicada por primera vez en español en 1967 y revisada en 1975 y 1998.

Cantar de los Cantares

Capítulo 8

1

¡Ojalá fueras como un hermano mío, criado a los pechos de mi madre! Encontrándote fuera, yo te besara, y nadie me despreciaría.

2

Te llevaría, te introduciría en la casa de mi madre, y tú me enseñarías. Yo te daría a beber vino aromado, el mosto de mis granadas.

3

Su izquierda esté bajo mi cabeza, y su derecha me abrace.

4

¡Os conjuro, hijas de Jerusalén, no despertéis, no desveléis al Amor, hasta que él quiera!

5

- ¿Quién es esa que sube del desierto, apoyada sobre su amado? - Bajo el manzano te desperté; allí te concibió tu madre, allí te concibió la que te dio a luz.

6

Ponme como sello sobre tu corazón, como sello sobre tu brazo; porque el Amor es fuerte como la Muerte, la Pasión, tenaz como el Abismo. Sus flechas son flechas de fuego, llama del Señor.

7

Las grandes aguas no pueden apagar el Amor, los ríos no lo anegan. Si un hombre diera todas las riquezas de su casa por el Amor, sólo conseguirían despreciarle.

8

«Tenemos una hermana pequeña, que aún no tiene pechos. ¿Qué haremos con nuestra hermana el día en que de ella se hable?»

9

Si ella es una muralla, edificaremos sobre ella una almena de plata; si es una puerta, la reforzaremos con planchas de cedro.

10

- Yo soy una muralla, y mis pechos, como sus torreones; así que a sus ojos soy como la que goza de paz.

11

Una viña tenía Salomón en Baal Hamón; entregó la viña a los guardias, y cada uno le ha de traer mil monedas de plata por su fruto.

12

Mi viña, la mía, está a mi disposición. ¡Las mil sean para ti, Salomón, y doscientas para los que guardan su fruto!

13

«Amada mía, tú que estás en los huertos, los compañeros están atentos a tu voz, ¡déjame oírla!»

14

- ¡Huye, amado mío, como la gacela o el joven ciervo sobre los montes de los aromas!

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